viernes, 16 de enero de 2026

SUS PROMESAS NOS SOSTIENEN


Anoche cuando meditaba sobre esta parte de la historia de Jacob, en la que está mayormente basado el devocional de hoy, me fue imposible no recordar algo que antes decía muchísimo, y de hecho me voy a exponer un poco por aquí hoy (reír)... en una etapa de mi vida, por allá por el 2017, más o menos, estaba emprendiendo un negocio de préstamos personales, y esa frase que decía tanto era: a mí me encanta que me deban, sin darme cuenta se estaba convirtiendo como en un slogan para mi emprendimiento, y es que esa sensación de recibir dinero cuando no lo estás esperando, aunque sea un compromiso que la otra persona tiene contigo, se percibe como una sorpresa, a veces ese dinero se acredita a tu cuenta en el momento más oportuno y te facilita resolver algún compromiso financiero que no sabías como lo haría, y así sucesivamente... en fin, tener algo pendiente de recibir es una esperanza que se mantiene activa, y esto es lo que vi en  Génesis 32:11-13 cuando Jacob oró al Señor diciendo:
 Oh Señor, te ruego que me rescates de la mano de mi hermano Esaú. Tengo miedo de que venga para atacarme a mí y también a mis esposas y a mis hijos. 12 Pero tú me prometiste: “Ciertamente te trataré con bondad y multiplicaré tus descendientes hasta que lleguen a ser tan numerosos como la arena a la orilla del mar, imposibles de contar”».

13 Así que Jacob pasó la noche en aquel lugar...

En este pasaje, vemos a Jacob en un momento de gran angustia y temor. Se encuentra a punto de reencontrarse con Esaú, su hermano, a quien había ofendido años atrás. Lo que llama poderosamente la atención es cómo Jacob, en medio de su miedo, no solo clama por liberación, sino que también le recuerda a Dios las promesas que le fueron hechas: “Yo te haré bien, y tu descendencia será como la arena del mar, que no se puede contar por la multitud.” Esta combinación de súplica y confianza en la palabra de Dios revela una verdad fundamental para nuestra vida espiritual: las promesas de Dios son un ancla firme y segura que nos sostiene en tiempos de incertidumbre y dificultad.

Jacob no estaba ciego a la realidad de su peligro. Sabía que su situación era grave y que podía perderlo todo. Sin embargo, en lugar de dejarse dominar por el temor, recurrió a la palabra de Dios como su refugio. Al recordar las promesas divinas, Jacob encontró la fortaleza necesaria para seguir adelante, de hecho más adelante en el mismo versículo 13, se lee como se empoderó y tomó decisiones para enfrentar sus miedos. En Salmo 119:50, el salmista dice: “Esta es mi consolación en mi aflicción; que tu palabra me ha vivificado.” La palabra de Dios no solo nos da esperanza, sino que también nos vivifica, nos da vida y nos sostiene cuando todo parece derrumbarse.

Después de orar y recordar la promesa, Jacob pudo descansar y dormir. Este detalle es extraordinario, porque dormir en medio de la incertidumbre es un acto de fe. En Mateo 11:28-30, Jesús invita a todos los cansados a venir a él para encontrar descanso. Pero ese descanso no es solo físico; es un descanso del alma, una paz profunda que nace de confiar en que Dios cumplirá lo que ha prometido. Cuando nos aferramos a las promesas de Dios, podemos descansar en medio de la tormenta, sabiendo que él está obrando incluso cuando no vemos el resultado inmediato.

Dios es un Dios de pacto, y sus promesas son inquebrantables. En Números 23:19, se nos asegura que “Dios no es hombre, para que mienta, ni hijo de hombre para que se arrepienta.” Esto significa que podemos confiar plenamente en que lo que Dios ha dicho se cumplirá en su tiempo perfecto. Esta fidelidad nos da seguridad para enfrentar los desafíos con la certeza de que nuestras vidas están en sus manos.

Vivir sostenidos por las promesas de Dios implica una actitud activa de fe. No es solo recordar las promesas en momentos de crisis, sino también meditar en ellas diariamente, como aconseja Josué 1:8: “Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él.” La meditación constante en la palabra fortalece nuestra confianza y nos prepara para resistir las pruebas.

Además, debemos acompañar la fe con la obediencia. Jacob, a pesar de sus temores, obedeció la dirección de Dios para volver a su tierra. La obediencia es la respuesta práctica que muestra que confiamos en las promesas divinas.

Hoy, te invito a que examines las promesas de Dios para tu vida y te aferres a ellas con todo tu corazón. Cuando las circunstancias te hagan dudar o te llenen de temor, recuerda que Dios es fiel y que sus promesas son un escudo y un refugio. Como Jacob, puedes encontrar descanso en la certeza de que Él cumplirá lo que ha dicho.

Oración
Señor, te pido que abras los corazones de quienes leen este devocional. Que puedan reconocer tu amor incluso en medio de las pruebas. Fortalécelos para enfrentar cada desafío y ayúdalos a ver las promesas como un refugio seguro, trae a sus memorias cada una de las promesas que has hablado a sus vidas a través de profecías, en sus tiempos de intimidad cuando le has hablado, y muy especialmente las que están escritas en tu palabra que es la verdad. Que cada uno de ellos pueda experimentar tu paz y tu presencia en cada momento de dificultad e incertidumbre de modo que ni ellos mismos entiendan como es que pueden dormir tan confiados y comer su pan sin preocupación. Te lo pido en el nombre de Jesús. Amén.


 

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