sábado, 3 de enero de 2026

SI, DE AHÍ PUEDE SALIR ALGO BUENO

 

Estaba leyendo en Mateo 1 y es la primera vez que se me revela tan fuerte la importancia de entender la genealogía de Jesucristo, que con toda honestidad me saltaba una y otra vez cuando me encontraba con ella, pensando que no era necesario leerla y mucho menos entenderla. Pero hoy pude verlo desde una perspectiva diferente: saber el origen de Jesús, a quienes utilizó Dios para llegar hasta su nacimiento, puede llevarnos a entender que Dios puede usarnos hoy para cosas grandes, aun cuando nos veamos tan simples o insignificantes.  

Y para esto debemos centrarnos en quién fue Jesús realmente, porque creo que muchas de las cosas importantes que obviamos es porque nos hemos familiarizado con un conocimiento superficial. Creemos conocer a Dios y por eso no indagamos acerca de sus atributos con mayor profundidad, y nos perdemos la oportunidad de que se haga real en nuestras vidas. En el caso de Su Hijo Jesús nos pasa totalmente igual: desde niños nos familiarizamos con sus historias como si se tratara de un dibujo animado más, obviando que Él sigue siendo el mismo de ayer, el que es hoy y el que será para siempre. Pero volviendo al punto, Jesús fue un hombre en cuanto al cuerpo físico, pero con todos los atributos de su Padre Dios, hallado sin pecado, sin mancha, con poder para resucitar muertos, sanar enfermos, liberar cautivos, caminar sobre las aguas, dar órdenes a los mares y los vientos, sacar moneda de la boca de un pez, multiplicar panes y peces delante de todos, sin trucos ni engaños. En fin, lo más grande que desde mi perspectiva Dios ha hecho ha sido a Jesús, a través de una visita del Espíritu Santo a María, la virgen.  

Entonces, entendiendo todo esto acerca de quién es Jesús, nos podemos maravillar en saber que Dios usó una cadena de hombres y mujeres imperfectos para llegar hasta el nacimiento de Jesús, y asimismo nos utiliza a nosotros hoy para el cumplimiento de sus propósitos.  

En esto veo como Dios puso en práctica esta palabra de 1 Corintios 1:27, que dice: En cambio, Dios eligió lo que el mundo considera ridículo para avergonzar a los que se creen sabios. Y escogió cosas que no tienen poder para avergonzar a los poderosos.

Pero es muy fácil mirarnos o mirar desde dónde venimos, nuestros padres, abuelos... y simplemente auto descalificarnos y dudar de que Dios quiera y pueda hacer algo con nosotros o a través de nosotros. Y es justamente el pensamiento que quiero desmontar de tu cabeza en este día, lo cual sé muy bien que no es fácil, pero estoy convencida de que se puede. Y aunque en mi caso particular reconozco que Dios aún no ha hecho nada grande a través de mí, sí estoy muy consciente de que Él quiere, puede y tiene planes de bien para mi vida que algún día veré cumplirse. Esa es la convicción que quiero transmitirte, porque nada bueno nos ocurrirá mientras no creamos que Dios puede hacerlo, pues como dice la palabra, sin fe es imposible agradar a Dios.  (Hebreos 11:6)

Como mencionaba, el árbol genealógico de Jesús, el Dios hombre sin pecado, estaba lejos de ser perfecto, pues como decía anteriormente lo componen personas imperfectas, que cometieron errores y pecados, así como tú y como yo. Por ejemplo, una mujer llamada Fares que fue engendrada por su abuelo, quien tomó a su nuera Tamar pensando que ella era una prostituta; Salmón se casó con Rahab, una antigua prostituta en Jericó; David sostuvo una relación de adulterio con Betsabé, la esposa de Urías, a quien luego colocó en frente de una batalla y le provocó la muerte. Todos ellos forman parte de este árbol, porque a pesar de Dios conocer sus historias quiso usarlos para hacer su voluntad de traer al Salvador del mundo, pues Dios siempre estuvo y aún está más interesado en la actitud de nuestros corazones que en los errores que cometemos, porque su poder actúa en nuestra debilidad.  (Mateo 1:3–6; 1 Samuel 16:7; 2 Corintios 12:9)

Nada de esto significa que no debemos esforzarnos por ser mejores y apartarnos cada vez más del pecado que este mundo nos ofrece y que tanto le agrada a nuestra carne, sino que sepamos que, como dice la Biblia, en Dios todas las cosas son hechas nuevas, y una vez nos arrepentimos genuinamente de nuestros pecados, nosotros también somos nuevas criaturas ante sus ojos y considerados dignos de engendrar esos sueños y planes que Dios pensó para nosotros desde que éramos embrión o antes.  (2 Corintios 5:17; Salmo 139:16)

Sé que no es tan sencillo apropiarnos de esta gran verdad y hasta puede parecer irracional pensar y atrevernos a decir con libertad y certeza, que de nosotros sí, puede salir algo muy bueno, y Dios puede hacer grandes cosas con nosotros y para nosotros, incluso, el mundo en su ignorancia de lo que nos asegura la palabra de Dios, nos podría ver como arrogantes. Por eso yo hoy oro para que esta verdad se haga rema en tu corazón y en tu mente, así como se ha hecho rema en la mía, pues estoy convencida de ser llamada, escogida, heredera, digna de que Dios cumpla sus propósitos en mí, aun cuando el mundo y los dardos del enemigo quieran hacerme creer lo contrario. Oro para que no permitas que tu pasado, ni los rechazos que hayas experimentado, definan tu vida, sino que sea lo que dice el Dios de nuestra salvación que eres lo que te defina desde hoy y para siempre, porque nada jamás podrá apartarnos de su amor.  (Romanos 8:38–39; 1 Pedro 2:9)

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