Lo cierto es que leer que Jesús hizo algo para no ofender a
otros es un tanto chocante y contradictorio a todo lo que a lo largo de nuestras
vidas hemos ido aprendiendo acerca de su manera de vivir en su tiempo aquí en
la tierra, pues sabemos que siempre fue un fiel defensor de la verdad, por eso
casi todo mundo usa el dicho: por la verdad murió Cristo, y esa es la idea que
hay en nuestras cabezas, sin embargo, sabemos que nada está escrito en la
biblia porque sí, y mucho menos cuando se trata de Jesús, quien sabemos que además
de venir a salvarnos, vino también a modelarnos como debemos vivir nosotros y como
tratar a nuestros semejantes.
Cuando Jesús le dijo estas palabras a Pedro, en Mateo 17:27 (sin
embargo, para no ofenderles…), nos dejó una enseñanza muy profunda, aunque
entiendo que como yo, la mayoría siempre nos hemos quedado en la fascinación
del milagro y el poder que se relata en la siguiente parte de ese versículo; pero
la revelación que he tenido hoy es esta: habrán momentos en los cuales tendremos
la razón, tendremos derecho, pero será más favorable no apelar a ellos para no
ofender a la otra persona o a un grupo de personas, según sea el caso.
Especialmente cuando existen otras maneras de solucionarlo, porque a veces,
incluso, hay formas sencillas de hacerlo, como nos demostró Jesús en esta
oportunidad, donde él tan solo envió a Pedro a pescar un pez y estando seguro
de que milagrosamente ahí estaría lo que necesitaba, así resolvió un conflicto
que pudo llegar a ser mayor por la ofensa que podría causar. Y no solo se limitó a pagar su impuesto, que era
por el que habían cuestionado, si no que dando una milla extra, también incluyó
el impuesto de Pedro (ve al mar, y echa el anzuelo, y el primer pez que
saques, tómalo, y al abrirle la boca, hallarás un estatero;[a] tómalo, y dáselo por mí y por ti),
lo que me lleva a pensar que no solo trató de no ofenderles, sino que trató de
hacerlos sentir bien.
Lo curioso aquí es que Jesús estaba convencido de que siendo el
hijo del Rey de reyes, no le corresponda pagarlo, él debía estar exento de ese
impuesto (25 Él dijo: Sí. Y al entrar él en casa,
Jesús le habló primero, diciendo: ¿Qué te parece, Simón? Los reyes de la
tierra, ¿de quiénes cobran los tributos o los impuestos? ¿De sus hijos, o de
los extraños? 26 Pedro le respondió: De los
extraños. Jesús le dijo: Luego los hijos están exentos), pero
a pesar de esta convicción, él no contendió, simplemente buscó la manera de
resolver sin ofender y así lo hizo.
Esto trajo a mi memoria una vivencia personal, algo que me
ocurrió hace años con una empresa telefónica aquí en mi país, se trata de una
deuda que me aparecía tras la cancelación de un servicio del que estaba cien
por ciento segura de haber pagado. Yo no sabía que estaba ahí, dañando mi
historial crediticio hasta que fui contratada por una empresa que antes de
iniciar todo el proceso me había buscado en el cicla. Ellos tenían por política
no emplear a personas con deudas castigadas, ni nada semejante, pero asumo que
como parte de mi interminable historia de favor y de gracia, a mí me dieron la
oportunidad, estaban fascinados con mi hoja de vida, y me fue muy bien en la entrevista,
así que se permitieron realizar esa excepción conmigo. Sin embargo, yo estaba ajena
a todo esto, porque no me lo mencionaron hasta tres meses después de estar
laborando con ellos, cuando básicamente me dijeron, te dimos la oportunidad de
laborar en esta empresa a pesar de tu historial crediticio, pero entendemos que
ya deberías haberlo resuelto; en otras palabras, llevas tres meses ganando más
dinero que antes ¿por qué no pagas tu deuda?
Ya te puedes imaginar ese momento de trágame tierra que tuve por
la vergüenza con mi empleadora, pero a la vez, la ira y la impotencia al
enterarme de que algo que con mucho sacrificio había pagado en el momento
oportuno, ahora me estaba afectando como que no lo hice.
El final de la historia es que era una especie de lucha entre
un fuerte y un débil y tuve que saldarla otra vez, prácticamente bajo el concepto
de: hay situaciones en las que, aunque sabemos que tenemos la razón, nos va a
tocar ceder, dejarlo todo en las manos de Dios y liberar nuestras mentes de
esos pendientes que nos atormentan.
Y así mismo como nos enseñó Jesús, habrá casos en los que nos
va a tocar priorizar guardar el corazón de otros, evitarles ofensas y rencores,
porque nosotros ya estamos listos para ceder y ellos no.

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