viernes, 9 de enero de 2026

NO NOS AFANEMOS POR NADA

En estos tiempos que estamos viviendo, es muy fácil perder de vista la paz que Dios nos ofrece. Muchos viven atrapados en un ciclo de ansiedad, incapaces de dormir o disfrutar del gozo que Dios ha prometido. Jesús, en Mateo 6:25, nos recuerda: "Por eso les digo: No se afanen por su vida, qué comerán o qué beberán; ni por su cuerpo, qué vestirán. No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido". En este poderoso pasaje, Jesús nos invita a soltar nuestras preocupaciones y confiar en Su provisión.

En el versículo siguiente, Mateo 6:26, Jesús continúa: "Miren las aves del cielo; no siembran, ni cosechan, ni recogen en graneros; y sin embargo, el Padre celestial las alimenta". Esta imagen nos enseña que, al igual que las aves, somos cuidados y proveídos por Dios. Él no nos dejó solos en este mundo lleno de incertidumbres.

Recuerda momentos en los que Dios ha provisto en tu vida, porque estoy segura de que así como yo, si miras hacia atrás te darás cuenta de que definitivamente, fue Dios quien estuvo contigo, quien te proveyó, porque muchas veces ni nos explicamos como fue que alcanzamos superar algunas temporadas de escases. Tal vez un amigo te brindó apoyo en un momento de necesidad, o recibiste una oportunidad laboral inesperada. Cada uno de esos momentos es un recordatorio de que Dios está al mando y se preocupa por nosotros, pues es él quien ha movido el corazón de otros para que vengan a tu socorro. Su provisión puede llegar de formas sorprendentes.

Filipenses 4:6-7 nos exhorta: "No se inquieten por nada, sino que en toda ocasión, con oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios". La preocupación no añade nada favorable a nuestras vidas, por el contrario, nos resta paz, terminamos enfermos y agotados, en cambio, la oración es la que nos llena de paz. Cuando llevamos nuestras cargas a Dios, encontramos el alivio que tanto anhelamos.

La ansiedad puede manifestarse en nuestro cuerpo, afectando nuestra salud. Sin embargo, Dios es nuestro sanador (Éxodo 15:26). He visto muy de cerca a personas que experimentan sanidad emocional y física al entregar sus preocupaciones al Señor. La fe y la oración pueden transformar nuestro estado mental y físico. Hay testimonios de quienes, al buscar a Dios en sus momentos de aflicción, han encontrado sanidad y restauración.

Gran parte de las preocupaciones con las que carga la humanidad, son debido a la falta de confianza ante el plan de Dios, pero Jeremías 29:11 nos asegura: "Porque yo sé los planes que tengo para ustedes, dice el Señor, planes de bienestar y no de calamidad, para darles un futuro y una esperanza". Cada aflicción tiene un propósito divino. A veces, lo que parece ser un obstáculo es en realidad una oportunidad para crecer en fe y carácter.

Hay miles de personas que, tras enfrentar grandes adversidades, encontraron un propósito mayor en su dolor, yo misma soy una de ellas. Dios utiliza nuestras experiencias para moldearnos y prepararnos para lo que viene. Cuando confiamos en Su plan, podemos ver la luz al final del túnel. Recordemos a Job, quien, a pesar de perderlo todo, mantuvo su fe y fue restaurado con bendiciones aún mayores.

En Juan 14:27, Jesús dice: "La paz les dejo, mi paz les doy; yo no se la doy a ustedes como el mundo la da. No se turbe su corazón, ni tenga miedo". Esta paz no es la ausencia de problemas, sino una profunda tranquilidad en medio de las tormentas de la vida. 

Cuando vemos a los que experimentan esta paz en momentos de crisis, muchas veces ni los entendemos, porque rápidamente pensamos es que si fuera yo, me estaría volviendo "loco", y es ahí mismo cuando el termómetro está marcando que es hora de prepararnos para que cuando llegue la aflicción, porque eventualmente ha de venir, ya estemos listos para enfrentarlas sin afán, sabiendo que lo que toca es orar. Cuando enfrentamos enfermedades, pérdidas o incertidumbres, podemos encontrar consuelo en la presencia de Dios. Son la oración y la meditación en su palabra nos permiten anclarnos en su verdad, alejándonos de esa preocupación que nos agobia.

Es desgarrador ver cómo muchos viven permanentemente atrapados en la ansiedad, la depresión, el estancamiento por miedo, sin poder disfrutar del gozo que Dios ofrece, y digo permanentemente porque nadie está exento de experimentar alguno de estos cuadros en algún momento de su vida, mas el llamado es a no permanecer, sino sacudirnos y continuar hacia la vida de bien que Dios nos ha prometido.  

Hoy, te animo a entregarle tus afanes a Dios, a recordar siempre que la preocupación nos roba la paz y nos aleja de la plenitud que solo se encuentra en Él. Su promesa es clara: "Echando toda su ansiedad sobre Él, porque Él tiene cuidado de ustedes" (1 Pedro 5:7). No permitas que las preocupaciones te roben el sueño ni la alegría. 

No olvides que el amor de Dios es más grande que cualquier preocupación, necesidad, enfermedad, soledad, desilusión, su amor lo cubre todo. Confía en su provisión y busca su rostro. La paz que sobrepasa todo entendimiento está a tu alcance; solo debes dar el paso de confiar en Él. ¡Permite que su amor y su paz inunden tu corazón hoy!


 

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