La idea de que en Dios cada pérdida tiene un propósito se refleja claramente en Génesis 4:25-26. La historia de Caín y Abel es una de las más trágicas de la Biblia, pero también es un testimonio de la redención divina a través de la adversidad.
Al leer Génesis 4:25-26 vemos que dice:
Y conoció de nuevo Adán a su mujer, la cual dio a luz un hijo, y llamó su nombre Set:[a] Porque Dios (dijo ella) me ha sustituido otro hijo en lugar de Abel, a quien mató Caín. Y a Set también le nació un hijo, y llamó su nombre Enós. Entonces los hombres comenzaron a invocar el nombre de Jehová.
La respuesta de Eva al dar a luz a Set muestra su fe en la provisión de Dios. Ella reconoce que, a pesar de la pérdida, Dios le ha dado un nuevo comienzo, y a esto estamos llamados también nosotros a reconocer la grandeza de Dios, su poder y que es de él de quien vienen todas las cosas, y como dijo Job, es el quien da y quien quita, y yo hoy le agrego a la frase, que también el que sustituye lo perdido.
La historia de Set como sustitución de Abel y la invocación del nombre de Jehová nos enseña que, aunque enfrentemos pérdidas dolorosas, siempre hay un propósito divino detrás de ellas. Dios no solo restaura, sino que también llama a su pueblo a una relación más profunda con Él a través del sufrimiento. Esta revelación nos invita a confiar en que, en medio del dolor, Dios está trabajando para nuestro bien y Su gloria.
Hoy oro a Dios para que si tú que me lees, estás atravesando un proceso de pérdida en la que se te está siendo arrebatada alguna bendición y al mirar tus manos ya solo puedes ver un vacío, que estas palabras traigan consuelo a tu vida, sabiendo que tenemos un Dios de restitución, oro para que no pierdas de vista que la promesa que tenemos es que se nos devolverá hasta siete veces más lo que el enemigo nos robó, y que recuerdes que el dolor del presente solo abre puertas hacia las bendiciones del futuro. Asimismo oro, para que si te has alejado de Dios por tus pérdidas, esta lectura te haga regresar a Dios en medio de la pérdida, sabiendo que aunque la adoración surge como respuesta a la intervención divina, también la búsqueda de Dios atrae su intervención.

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