Escuchando algunas sugerencias de lecturas bíblicas para inicio de año, donde aconsejan por donde iniciar, que dejar para el final, entre otros cuantos tips, me he dado cuenta de que muchos, hoy día consideran el Antiguo Testamento como un relicario de historias pasadas, mas es vital recordar que Dios es el mismo ayer, hoy y siempre (Hebreos 13:8). Sus atributos, su carácter y su amor hacia la humanidad no han cambiado. En este día quiero llevarte a reflexionar sobre la relevancia de las enseñanzas del Antiguo Testamento y cómo Jesús, en su ministerio, reafirmó su importancia.
El Antiguo Testamento no es solo un libro de leyes y profecías, sino una revelación del carácter de Dios. A través de la historia de Israel, vemos su justicia, misericordia y fidelidad. En Éxodo 34:6-7, Dios se presenta como "misericordioso y clemente, lento para la ira y grande en misericordia y verdad". Estos atributos son tan relevantes hoy como lo fueron entonces, porque nos sería imposible conocer a Dios si ignoramos como es él desde el principio, desde allí vemos que Dios se presenta con una dualidad de atributos que refleja su naturaleza compleja. Por un lado, es un Dios implacable ante el pecado, que exige justicia y castigo, como se evidencia en el diluvio y la destrucción de Sodoma y Gomorra. Sin embargo, también es un Dios profundamente amoroso y compasivo; un ejemplo de esto es cuando envía a un cuervo para alimentar a Elías en el desierto, mostrando su cuidado y provisión en momentos de necesidad. Esta dualidad resalta tanto su santidad y justicia como su misericordia y amor, revelando un ser divino que busca la reconciliación con su pueblo a pesar de sus transgresiones.
Cuando desestimamos el Antiguo Testamento, corremos el riesgo de perder la profundidad de la gracia que se nos ha dado en Cristo. Romanos 15:4 nos recuerda que "todo lo que fue escrito en tiempos pasados, para nuestra enseñanza fue escrito". La ley nos guía, no solo para mostrar nuestros errores, sino para acercarnos más a Dios.
En Mateo 5:17-19, Jesús dice: "No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir". Aquí, Jesús establece un puente entre el Antiguo y el Nuevo Testamento. Él no vino a desestimar la ley, sino a llevarla a su cumplimiento perfecto.
La vida de Jesús es el modelo de cómo se debe vivir la ley. Él nos muestra que la ley es más que reglas; es un reflejo del carácter de Dios. Al seguir sus enseñanzas, encontramos la verdadera esencia de la ley: el amor.
Vivimos en la dispensación de la gracia, pero esto no significa que la ley sea irrelevante. En Romanos 6:1-2, Pablo nos advierte: "¿Qué, pues? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde? En ninguna manera". La gracia no es una licencia para pecar, sino un llamado a vivir en santidad.
Es crucial recordar que la ley revela la moralidad de Dios, porque de olvidarla, fácilmente entramos en lo que podríamos llamar un abuso de gracia. En Salmos 119:105, se nos dice que "lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino". La ley nos guía y nos protege, mostrándonos el camino hacia una vida que honra a Dios.
Hoy pregúntate: ¿Estoy viviendo bajo la gracia de manera responsable? ¿Estoy ignorando las enseñanzas del Antiguo Testamento en mi vida diaria? e interpretando el sacrificio de Jesús como algo a lo que tengo acceso sin que mi vida refleje frutos de arrepentimiento?
Decidamos buscar un equilibrio entre la gracia y los mandamientos que Dios nos ha dejado desde el principio de la humanidad. La gracia nos salva, pero la ley nos guía. La verdadera libertad se encuentra en vivir conforme a los principios de Dios.
El Dios del Antiguo Testamento sigue siendo el mismo hoy. Su palabra es eterna, y sus enseñanzas son vitales para nuestra vida espiritual. Recordemos que, aunque estamos bajo la gracia, la ley sigue siendo un espejo que nos refleja la imagen de Cristo, que es el modelo de la vida que Dios desea para nosotros.
Quiero dejarte estas dos citas para que medites en ellas y creen en ti una necesidad e incluso urgencia de conocer todo de Dios, no una sola parte porque será fácil de digerir, de menos confrontación o fácil de asimilar:
1. 1 Pedro 1:24-25: "Porque toda carne es como hierba, y toda la gloria del hombre como flor de hierba. La hierba se seca, y la flor se cae; mas la palabra del Señor permanece para siempre."
2. Romanos 3:31: "¿Luego por la fe invalidamos la ley? En ninguna manera, sino que confirmamos la ley."

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