martes, 20 de enero de 2026

DEJANDO ATRÁS EL LABÁN DE NUESTRAS VIDAS

 


“Y me habéis dicho: ¿Qué es esto que me has hecho? ¿No te serví por Raquel? ¿Por qué, pues, me has engañado?... Y vuestro padre me ha engañado, y me ha cambiado el salario diez veces; pero Dios no le permitió que me hiciese mal.” (Génesis 29:25; 31:7)

Labán, el suegro de Jacob, representa esa voz o circunstancia que muchas veces intenta convencernos de que "nunca seremos libres" a pesar de todo nuestros esfuerzos. Encontrarnos cara a cara con nuestro Labán no será difícil cuando intentemos hacer la voluntad de Dios y la historia de Jacob despeja cualquier idea contraria que podamos tener ante esta verdad. Jacob pasó veinte años en la casa de su suegro, Labán. Durante esas dos décadas, vivió bajo un sistema de manipulación: luego de trabajar siete años para casarse con Raquel, le entregó la mujer equivocada, Lea; le cambiaba sus condiciones laborales constantemente y trataba de retenerlo como a un esclavo moderno.

A veces, los "Labán" de nuestra vida no son enemigos frontales, sino personas cercanas que nos necesitan para su propio beneficio, pues no podemos olvidar que Labán era nada más y nada menos que tío de Jacob, y que este último llegó hasta él en condiciones de necesidad de apoyo, pues huía de su hermano Esaú tras haberle robado la bendición que le correspondía por la primogenitura, y aun así Labán fue oportunista y empleó tantas artimañas en su contra, Labán sabía que su casa era bendecida porque Jacob estaba allí y sin  importarle que fuera su sobrino, su enfoque estaba en asegurar su propio beneficio. Asimismo, debemos estar conscientes de que el sistema del mundo muchas veces intentará retenernos mediante el engaño o la culpa, impidiéndonos avanzar hacia el cumplimiento de los planes de Dios para nuestras vidas.

Sin embargo, lo más poderoso de esta historia no es la malicia de Labán, sino la fidelidad de Dios, porque si de algo podemos estar seguros es de que cuando Dios tiene un plan y un propósito, él mismo interviene para hacer que se cumpla, recordemos que lo que Dios le había pedido a Jacob fue que volviera a la tierra de su parentela y esto era precisamente lo que Labán intentaba impedir, mas Génesis 31:7 nos da una gran confirmación de como Dios interviene: "Pero Dios no le permitió que me hiciese mal". Aunque Labán cambió el salario diez veces, Dios le dio una técnica en sueño a Jacob que le permitió controlar la genética de los rebaños para que Jacob prosperara de todos modos.

Cuando estamos en el centro de la voluntad de Dios, el engaño del hombre se convierte en la plataforma de tu milagro. La manipulación de otros no puede anular la bendición que Dios ha decretado sobre nuestras vidas, ni el cumplimiento del llamado o que lleguemos al destino que él nos tiene preparado.

Finalmente, Jacob tuvo que tomar una decisión valiente: levantarse, tomar los suyos y sus pertenencias y salir. No esperó a que Labán le diera permiso (porque nunca se lo daría). La liberación a veces requiere una salida decidida y una confianza absoluta en que Dios guiará nuestros pasos y a la vez guardará nuestras espaldas, y como resultado, vemos que, tras marcharse, Dios le advirtió a Labán en sueños que no lo tocara, sellando con esto la protección de Jacob.

Esta historia de Jacob es poderosa y hermosa a la vez, te invito a leerla completa en tu biblia, y a la vez a:

  1. Identificar: ¿Hay algún área de tu vida donde estés permitiendo que el engaño de otros te detenga?
  2. Confiar: Lee el capítulo 31 de Génesis y observa cómo Dios prosperó a Jacob a pesar del sistema corrupto de su suegro.
  3. Obedecer: Si Dios te ha pedido que cierres un ciclo o inicies un nuevo proyecto, no esperes la aprobación de quienes se benefician de tu estancamiento.

Ora conmigo

"Señor, gracias porque mi destino no depende de la honestidad de los hombres, sino de Tu fidelidad. Hoy renuncio al temor de ser engañado, manipulado o retenido en lugares que no me permitan avanzar hacia mi propósito y llamado. Dame la sabiduría para identificar a los 'Labán' en mi camino y el valor para moverme cuando Tú me digas 'Levántate y vuelve a tu tierra'. Amén."


lunes, 19 de enero de 2026

PARA NO OFENDERLES

Lo cierto es que leer que Jesús hizo algo para no ofender a otros es un tanto chocante y contradictorio a todo lo que a lo largo de nuestras vidas hemos ido aprendiendo acerca de su manera de vivir en su tiempo aquí en la tierra, pues sabemos que siempre fue un fiel defensor de la verdad, por eso casi todo mundo usa el dicho: por la verdad murió Cristo, y esa es la idea que hay en nuestras cabezas, sin embargo, sabemos que nada está escrito en la biblia porque sí, y mucho menos cuando se trata de Jesús, quien sabemos que además de venir a salvarnos, vino también a modelarnos como debemos vivir nosotros y como tratar a nuestros semejantes.

Cuando Jesús le dijo estas palabras a Pedro, en Mateo 17:27 (sin embargo, para no ofenderles…), nos dejó una enseñanza muy profunda, aunque entiendo que como yo, la mayoría siempre nos hemos quedado en la fascinación del milagro y el poder que se relata en la siguiente parte de ese versículo; pero la revelación que he tenido hoy es esta: habrán momentos en los cuales tendremos la razón, tendremos derecho, pero será más favorable no apelar a ellos para no ofender a la otra persona o a un grupo de personas, según sea el caso. Especialmente cuando existen otras maneras de solucionarlo, porque a veces, incluso, hay formas sencillas de hacerlo, como nos demostró Jesús en esta oportunidad, donde él tan solo envió a Pedro a pescar un pez y estando seguro de que milagrosamente ahí estaría lo que necesitaba, así resolvió un conflicto que pudo llegar a ser mayor por la ofensa que podría causar. Y  no solo se limitó a pagar su impuesto, que era por el que habían cuestionado, si no que dando una milla extra, también incluyó el impuesto de Pedro (ve al mar, y echa el anzuelo, y el primer pez que saques, tómalo, y al abrirle la boca, hallarás un estatero;[a] tómalo, y dáselo por mí y por ti), lo que me lleva a pensar que no solo trató de no ofenderles, sino que trató de hacerlos sentir bien.

Lo curioso aquí es que Jesús estaba convencido de que siendo el hijo del Rey de reyes, no le corresponda pagarlo, él debía estar exento de ese impuesto (25 Él dijo: Sí. Y al entrar él en casa, Jesús le habló primero, diciendo: ¿Qué te parece, Simón? Los reyes de la tierra, ¿de quiénes cobran los tributos o los impuestos? ¿De sus hijos, o de los extraños? 26 Pedro le respondió: De los extraños. Jesús le dijo: Luego los hijos están exentos), pero a pesar de esta convicción, él no contendió, simplemente buscó la manera de resolver sin ofender y así lo hizo.

Esto trajo a mi memoria una vivencia personal, algo que me ocurrió hace años con una empresa telefónica aquí en mi país, se trata de una deuda que me aparecía tras la cancelación de un servicio del que estaba cien por ciento segura de haber pagado. Yo no sabía que estaba ahí, dañando mi historial crediticio hasta que fui contratada por una empresa que antes de iniciar todo el proceso me había buscado en el cicla. Ellos tenían por política no emplear a personas con deudas castigadas, ni nada semejante, pero asumo que como parte de mi interminable historia de favor y de gracia, a mí me dieron la oportunidad, estaban fascinados con mi hoja de vida, y me fue muy bien en la entrevista, así que se permitieron realizar esa excepción conmigo. Sin embargo, yo estaba ajena a todo esto, porque no me lo mencionaron hasta tres meses después de estar laborando con ellos, cuando básicamente me dijeron, te dimos la oportunidad de laborar en esta empresa a pesar de tu historial crediticio, pero entendemos que ya deberías haberlo resuelto; en otras palabras, llevas tres meses ganando más dinero que antes ¿por qué no pagas tu deuda?

Ya te puedes imaginar ese momento de trágame tierra que tuve por la vergüenza con mi empleadora, pero a la vez, la ira y la impotencia al enterarme de que algo que con mucho sacrificio había pagado en el momento oportuno, ahora me estaba afectando como que no lo hice.

El final de la historia es que era una especie de lucha entre un fuerte y un débil y tuve que saldarla otra vez, prácticamente bajo el concepto de: hay situaciones en las que, aunque sabemos que tenemos la razón, nos va a tocar ceder, dejarlo todo en las manos de Dios y liberar nuestras mentes de esos pendientes que nos atormentan.

Y así mismo como nos enseñó Jesús, habrá casos en los que nos va a tocar priorizar guardar el corazón de otros, evitarles ofensas y rencores, porque nosotros ya estamos listos para ceder y ellos no.

 

domingo, 18 de enero de 2026

IMPREGNADOS, ASÍ COMO LA LEVADURA IMPREGNA LA HARINA

 


Otra parábola les dijo: El reino de los cielos es semejante a la levadura que tomó una mujer y escondió en tres medidas de harina, y toda la masa se fermentó. Mateo 13:33 

Esta semana estaba estudiando la biblia en este capítulo de Mateo y realmente esta comparación que hizo Jesús, me dejó impactada, pues en verdad cuando nos detenemos a analizarlo es tan real, porque la levadura, aunque pequeña y siendo tan poca la cantidad que utilizamos al momento de hornear, tiene un efecto desproporcionado en la masa. De manera similar, un breve tiempo en la presencia de Dios, en la gloria de Dios, puede llevarnos a un crecimiento espiritual altamente significativo. 

Considero que la imagen de la levadura en Mateo 13:33 nos ofrece una poderosa metáfora sobre el impacto transformador del reino de Dios en nuestras vidas. Así como una pequeña cantidad de levadura puede fermentar toda la harina, la presencia del Espíritu Santo en nosotros tiene el potencial de transformar completamente nuestras vidas, nuestras condiciones y nuestras situaciones. No en vano la palabra de Dios nos invita a buscar primero el reino de Dios con la promesa de que todo lo demás vendrá por añadidura, de igual forma con este devocional quiero invitarte a flexionar sobre la importancia de estar llenos del Espíritu Santo y cómo esa llenura puede influir en nuestro crecimiento e incluso positivamente en la vida de otros. 

En este capítulo, Jesús nos revela la esencia del reino de Dios a través de sus parábolas, que ilustran su naturaleza y la profundidad de Su amor y gracia. Parte de la manifestación del reino de Dios es ver cómo Jesús utiliza elementos cotidianos para transmitir verdades espirituales profundas, como en la parábola del sembrador, donde la semilla representa la palabra de Dios que, al caer en diferentes tipos de terreno, produce diversos frutos. Esta imagen nos muestra que cada uno de nosotros tiene el potencial de recibir y responder al reino de Dios de maneras únicas, dependiendo de nuestro corazón y disposición. Asimismo, en la parábola de la levadura, Jesús destaca cómo algo tan pequeño puede transformar toda la masa, simbolizando cómo la presencia de Dios en nuestras vidas puede tener un impacto profundo y expansivo, no solo en nosotros sino también en nuestro entorno. A través de estas enseñanzas, Jesús nos invita a contemplar la grandeza del reino de Dios y a reconocer que su poder no solo se revela en lo extraordinario, sino también en lo cotidiano, invitándonos a ser parte activa de su reino y a vivir en la luz de su verdad y justicia.

Estoy convencida de que una de las cosas más importantes a la que debemos dedicarnos es a perseguir el reino de Dios, ante que todas las cosas. Esta es una de las enseñanzas más fundamentales que encontramos en la Biblia, específicamente en Mateo 6:33 donde nos dice: Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas. Este versículo nos invita a priorizar nuestra relación con Dios y Su reino por encima de todas las preocupaciones materiales y mundanas. Al hacerlo, alineamos nuestras vidas con Su propósito y Su voluntad, lo que nos permite experimentar una paz y una satisfacción que trascienden las circunstancias externas. La búsqueda del reino implica no solo desear la salvación y el bienestar espiritual, sino también vivir en conformidad con los principios del reino de Dios: amor, justicia, misericordia y verdad. Cuando nos enfocamos en lo que es correcto y justo a los ojos de Dios, nuestras acciones y decisiones reflejan Su carácter, lo que a su vez impacta positivamente a quienes nos rodean. Al priorizar el reino de Dios, encontramos que nuestras necesidades y preocupaciones son atendidas de maneras que no podríamos haber imaginado, ya que Él promete proveer para aquellos que se someten a Su autoridad y buscan Su gloria. En resumen, buscar el reino de Dios no solo transforma nuestra vida espiritual, sino que también establece un camino hacia la plenitud y el propósito divino en cada aspecto de nuestra existencia.

Estar llenos del Espíritu Santo también significa cargar la gloria de Dios en nosotros. En 2 Corintios 3:18, se nos dice: Por tanto, nosotros, todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen. Esta transformación no es un proceso instantáneo, sino un viaje continuo donde cada encuentro con Dios nos hace más como Él. Así como la levadura actúa lentamente, la gloria de Dios en nosotros va trabajando de manera constante, moldeando nuestro carácter y nuestras acciones. Cuando permitimos que el Espíritu Santo trabaje en nosotros, comenzamos a experimentar una transformación que va más allá de lo superficial. En Romanos 12:2, se nos exhorta: No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento. Aquí, la renovación del entendimiento es clave; es en la presencia de Dios donde encontramos la claridad y la dirección que necesitamos para crecer.

La maravilla de pasar tiempo en la presencia de Dios es que, aunque parezca breve, su efecto es profundo. En *Salmo 16:11*, se nos recuerda que en tu presencia hay plenitud de gozo. Este gozo no es solo emocional; es un gozo que transforma nuestra perspectiva y nos llena de esperanza. Cuando nos acercamos a Dios, permitimos que Su Espíritu nos llene y nos guíe, lo que resulta en un crecimiento espiritual que, como la levadura, se extiende a todas las áreas de nuestras vidas.

Hoy, te animo a buscar momentos en la presencia de Dios. No subestimes el poder de un breve encuentro con él; así como la levadura transforma la harina, Su presencia puede transformar tu vida. Permite que el Espíritu Santo te llene y te guíe, y observa cómo cada área de tu vida comienza a ser impregnada con su amor y su gloria.

Oración

Señor, oro por aquellos que leen este devocional. Que cada uno de ellos prioricen la búsqueda de tu reino antes que cualquier otra cosa y que así mismo experimenten la añadidura de todas las cosas que tienes para nosotros. Abre sus corazones para que busquen tu presencia y permitan que tu gloria los transforme de adentro hacia afuera. Que, así como la levadura, su vida sea un testimonio de tu poder ensanchador y de tu mor. Amén.


sábado, 17 de enero de 2026

LA VENGANZA ES DE DIOS


Entonces dijo Jacob a Simeón y a Leví: Me habéis turbado con hacerme abominable a los moradores de esta tierra, el cananeo y el ferezeo; y teniendo yo pocos hombres, se juntarán contra mí y me atacarán, y seré destruido yo y mi casa. Génesis 34:30

La historia de Jacob y sus hijos nos ofrece una lección profunda sobre la venganza y las consecuencias de nuestras acciones. En Génesis 34, vemos cómo los hijos de Jacob, en un acto de venganza por la violación de su hermana Dina, tomaron decisiones que no solo afectaron su familia, sino que también los hicieron “abominable” ante la sociedad. Jacob, al ver la reacción de sus hijos, se preocupó por el impacto que tendría en su familia y en su reputación. Este pasaje nos recuerda que no nos corresponde a nosotros tomar venganza, pues como dice Romanos 12:19: “No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor.

La venganza puede parecer una solución inmediata a las injusticias que sufrimos, pero a menudo, nos lleva a un camino de destrucción. Jacob reconoce que las acciones de sus hijos no solo les traen deshonra a ellos, sino que también ponen en riesgo la seguridad de toda su familia. Cuando actuamos por impulso y tomamos la justicia en nuestras propias manos, corremos el riesgo de perder no solo relaciones, sino también nuestra integridad. En Proverbios 14:12 se nos advierte: “Hay camino que al hombre le parece derecho; pero su fin es camino de muerte.” Esta advertencia nos invita a reflexionar sobre las decisiones que tomamos y sus posibles consecuencias.

Desde otra perspectiva, podríamos decir que la historia habla de una hermana siendo muy amada por sus hermanos, sin embargo, el amor no puede eliminar nuestro conocimiento de la verdad, de lo correcto, de lo que es bueno o es malo ante los ojos de Dios. Estoy segura de que Jacob también amaba profundamente a su hija Dina, pero el amor no puede llevarnos a justificar acciones injustificables, que van en contra de nuestros valores. Esa posición de Jacob debe hablarnos hoy, debe ser un llamado a dejar atrás la impulsividad. a ser más racionales y a la vez a pensar más en las consecuencias a largo plazo. En 1 Corintios 13:6, se nos dice que el amor “no se goza de la injusticia, sino que se goza de la verdad.” Este principio nos anima a buscar la justicia de Dios, en lugar de intentar hacer justicia por nuestra cuenta que entonces nos terminen llevando a estar en una posición de injusticia. La verdad de Dios debe ser nuestro guía, y el amor debe manifestarse de maneras que honran a Dios y no deshonran a nuestra familia o comunidad.

Antes de actuar, es crucial que tomemos un momento para reflexionar sobre nuestras motivaciones y las posibles repercusiones. ¿Estamos buscando venganza o justicia? porque si es justicia, lo dejaremos en las manos de Dios... ¿Nuestras acciones reflejan el amor y la verdad de Dios? En Santiago 1:19-20 se nos recuerda: “Por esto, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse; porque la ira del hombre no obra la justicia de Dios.” Este pasaje nos invita a ser pacientes y a confiar en que Dios se encargará de lo que nos ha hecho daño.

Hoy, te animo a que entregues a Dios tus heridas y todas las injusticias que se hayan cometido en tu contra, él es el único que puede juzgar con justicia y traer verdadera restauración. Al dejar de lado la venganza, abrimos la puerta a la paz y a la reconciliación en nuestras vidas. Recuerda siempre lo que dice Salmo 37:5: “Encomienda a Jehová tu camino, y confía en él; y él hará.”


Señor, oro por aquellos que leen este devocional. Abre sus entendimientos para que reconozcan que la venganza es tuya y no de nosotros, los hombres. Que puedan encontrar paz en dejar las injusticias en tus manos, confiando en que tú eres un Dios justo y fiel. Que cada uno de ellos pueda reflexionar antes de actuar, buscando siempre tu verdad y tu amor. Amén.

 

viernes, 16 de enero de 2026

SUS PROMESAS NOS SOSTIENEN


Anoche cuando meditaba sobre esta parte de la historia de Jacob, en la que está mayormente basado el devocional de hoy, me fue imposible no recordar algo que antes decía muchísimo, y de hecho me voy a exponer un poco por aquí hoy (reír)... en una etapa de mi vida, por allá por el 2017, más o menos, estaba emprendiendo un negocio de préstamos personales, y esa frase que decía tanto era: a mí me encanta que me deban, sin darme cuenta se estaba convirtiendo como en un slogan para mi emprendimiento, y es que esa sensación de recibir dinero cuando no lo estás esperando, aunque sea un compromiso que la otra persona tiene contigo, se percibe como una sorpresa, a veces ese dinero se acredita a tu cuenta en el momento más oportuno y te facilita resolver algún compromiso financiero que no sabías como lo haría, y así sucesivamente... en fin, tener algo pendiente de recibir es una esperanza que se mantiene activa, y esto es lo que vi en  Génesis 32:11-13 cuando Jacob oró al Señor diciendo:
 Oh Señor, te ruego que me rescates de la mano de mi hermano Esaú. Tengo miedo de que venga para atacarme a mí y también a mis esposas y a mis hijos. 12 Pero tú me prometiste: “Ciertamente te trataré con bondad y multiplicaré tus descendientes hasta que lleguen a ser tan numerosos como la arena a la orilla del mar, imposibles de contar”».

13 Así que Jacob pasó la noche en aquel lugar...

En este pasaje, vemos a Jacob en un momento de gran angustia y temor. Se encuentra a punto de reencontrarse con Esaú, su hermano, a quien había ofendido años atrás. Lo que llama poderosamente la atención es cómo Jacob, en medio de su miedo, no solo clama por liberación, sino que también le recuerda a Dios las promesas que le fueron hechas: “Yo te haré bien, y tu descendencia será como la arena del mar, que no se puede contar por la multitud.” Esta combinación de súplica y confianza en la palabra de Dios revela una verdad fundamental para nuestra vida espiritual: las promesas de Dios son un ancla firme y segura que nos sostiene en tiempos de incertidumbre y dificultad.

Jacob no estaba ciego a la realidad de su peligro. Sabía que su situación era grave y que podía perderlo todo. Sin embargo, en lugar de dejarse dominar por el temor, recurrió a la palabra de Dios como su refugio. Al recordar las promesas divinas, Jacob encontró la fortaleza necesaria para seguir adelante, de hecho más adelante en el mismo versículo 13, se lee como se empoderó y tomó decisiones para enfrentar sus miedos. En Salmo 119:50, el salmista dice: “Esta es mi consolación en mi aflicción; que tu palabra me ha vivificado.” La palabra de Dios no solo nos da esperanza, sino que también nos vivifica, nos da vida y nos sostiene cuando todo parece derrumbarse.

Después de orar y recordar la promesa, Jacob pudo descansar y dormir. Este detalle es extraordinario, porque dormir en medio de la incertidumbre es un acto de fe. En Mateo 11:28-30, Jesús invita a todos los cansados a venir a él para encontrar descanso. Pero ese descanso no es solo físico; es un descanso del alma, una paz profunda que nace de confiar en que Dios cumplirá lo que ha prometido. Cuando nos aferramos a las promesas de Dios, podemos descansar en medio de la tormenta, sabiendo que él está obrando incluso cuando no vemos el resultado inmediato.

Dios es un Dios de pacto, y sus promesas son inquebrantables. En Números 23:19, se nos asegura que “Dios no es hombre, para que mienta, ni hijo de hombre para que se arrepienta.” Esto significa que podemos confiar plenamente en que lo que Dios ha dicho se cumplirá en su tiempo perfecto. Esta fidelidad nos da seguridad para enfrentar los desafíos con la certeza de que nuestras vidas están en sus manos.

Vivir sostenidos por las promesas de Dios implica una actitud activa de fe. No es solo recordar las promesas en momentos de crisis, sino también meditar en ellas diariamente, como aconseja Josué 1:8: “Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él.” La meditación constante en la palabra fortalece nuestra confianza y nos prepara para resistir las pruebas.

Además, debemos acompañar la fe con la obediencia. Jacob, a pesar de sus temores, obedeció la dirección de Dios para volver a su tierra. La obediencia es la respuesta práctica que muestra que confiamos en las promesas divinas.

Hoy, te invito a que examines las promesas de Dios para tu vida y te aferres a ellas con todo tu corazón. Cuando las circunstancias te hagan dudar o te llenen de temor, recuerda que Dios es fiel y que sus promesas son un escudo y un refugio. Como Jacob, puedes encontrar descanso en la certeza de que Él cumplirá lo que ha dicho.

Oración
Señor, te pido que abras los corazones de quienes leen este devocional. Que puedan reconocer tu amor incluso en medio de las pruebas. Fortalécelos para enfrentar cada desafío y ayúdalos a ver las promesas como un refugio seguro, trae a sus memorias cada una de las promesas que has hablado a sus vidas a través de profecías, en sus tiempos de intimidad cuando le has hablado, y muy especialmente las que están escritas en tu palabra que es la verdad. Que cada uno de ellos pueda experimentar tu paz y tu presencia en cada momento de dificultad e incertidumbre de modo que ni ellos mismos entiendan como es que pueden dormir tan confiados y comer su pan sin preocupación. Te lo pido en el nombre de Jesús. Amén.


 

jueves, 15 de enero de 2026

DIOS PRUEBA AL JUSTO


Jehová prueba al justo; pero al malo y al que ama la violencia, su alma los aborrece. Salmos 11:5

La vida cristiana no está exenta de pruebas y desafíos. En Salmos 11:5, encontramos una verdad profunda: Jehová prueba al justo. Esta afirmación nos lleva a reflexionar sobre la naturaleza de las pruebas que enfrentamos y la diferencia crucial entre ser probado y ser aborrecido o castigado por Dios.

Dios, en su infinita sabiduría, permite que sus hijos sean probados. Pero, ¿Qué significa esto realmente? La prueba es un medio a través del cual Dios purifica y fortalece nuestra fe. En 1 Pedro 1:6-7, se nos dice que las pruebas son como el fuego que refina el oro: “Para que, sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero, se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra”. Este paralelismo entre la fe y el oro es poderoso; así como el oro se purifica y se hace más valioso a través del fuego, nuestras pruebas son diseñadas para eliminar las impurezas de nuestras vidas y revelar la pureza de nuestra fe. El fuego, aunque doloroso, es un elemento transformador que nos permite brillar más intensamente como hijos de Dios. Al igual que el oro, que es sometido a altas temperaturas para ser refinado, nuestra fe se fortalece y se purifica a través de las pruebas que enfrentamos, llevándonos a un lugar de mayor confianza y dependencia en Dios.

Dios no se conforma con nuestras palabras o proclamaciones de fe. En Jeremías 17:10, se nos recuerda que “Yo, Jehová, que escudriño la mente y pruebo el corazón”. Esto significa que Dios va más allá de lo superficial; Él examina nuestras verdaderas intenciones y motivaciones. La prueba del justo es un proceso divino que busca revelar lo que hay en nuestro interior, ayudándonos a crecer y a depender más de Él.

Considero que nos es fundamental entender la diferencia entre una prueba y un castigo. La prueba es un proceso de refinamiento, mientras que el castigo es una consecuencia de nuestra maldad. En Hebreos 12:6, se nos enseña que “el Señor al que ama, disciplina; y azota a todo el que recibe por hijo”. La disciplina de Dios es una expresión de su amor, destinada a corregir y guiar a sus hijos hacia el camino correcto.

Por otro lado, el castigo se reserva para aquellos que persisten en la maldad. En Romanos 1:18, el apóstol Pablo nos habla de la ira de Dios revelada contra la impiedad y la injusticia de los hombres. El castigo es la respuesta justa de Dios ante la desobediencia y la rebelión. Así, mientras que el justo es probado para su crecimiento y fortalecimiento, el malvado enfrenta las consecuencias de su propia elección.

Debemos ver las pruebas como una parte integral del crecimiento espiritual. Santiago 1:2-4, nos anima a considerar como un gozo las diversas pruebas, porque producen paciencia y madurez. Este proceso puede ser doloroso, pero es esencial para que podamos ser completos y cabales. A través de las pruebas, Dios nos enseña a confiar en Él y a desarrollar un carácter que refleje su gloria.

Como hijos de Dios, es vital que entendamos que las pruebas no son señales de abandono, sino de amor y cuidado divino. Nos están preparando para cumplir con el propósito que Dios tiene para nuestras vidas. Romanos 8:28, nos asegura que “todas las cosas ayudan a bien a los que aman a Dios”. Esto incluye nuestras pruebas, que son parte del proceso de transformación.

Hoy, te invito a reflexionar sobre las pruebas que estás enfrentando. Pregúntate: “¿Qué está revelando Dios a mi corazón a través de esta situación?” Recuerda que, aunque las pruebas son difíciles, son oportunidades para crecer y acercarte más a Dios. Permite que Él use estas experiencias para moldearte y prepararte para lo que está por venir.

Oración
Señor, te pido que abras los corazones de quienes leen este devocional. Que así como has hecho conmigo, ellos puedan reconocer tu amor incluso en medio de las pruebas. Fortalécelos para enfrentar cada desafío y ayúdalos a ver las pruebas como oportunidades para crecer en fe y confianza en ti. Que cada uno de ellos pueda experimentar tu paz y tu presencia en cada momento de dificultad para que estén conscientes de que no están solos. Amén!


 

miércoles, 14 de enero de 2026

DEBE NACER LA URGENCIA POR ESCUCHAR LA PALABRA DE DIOS


Y si alguno no os recibe, ni oye vuestras palabras, salid de aquella casa o ciudad, y sacudid el polvo de vuestros pies. De cierto os digo que en el día del juicio, será más tolerable el castigo para la tierra de Sodoma y Gomorra que para aquella ciudad.Mateo 10:14-15

La misión de Jesús al enviar a sus doce apóstoles no solo era un llamado a predicar el evangelio, sino también a advertir sobre la seriedad de la recepción de su mensaje. Al instruirles a sacudir el polvo de sus pies, Jesús estaba enfatizando la importancia de que fueran escuchados como enviados suyos. Ignorar su mensaje no solo conlleva la pérdida o la ignorancia de la verdad, sino que también se convierte en una transgresión ante los ojos de Dios, con consecuencias eternas.

Cuando rechazamos la palabra de Dios, estamos cerrando la puerta a la sabiduría y la revelación que Él desea impartirnos. Romanos 10:17 nos recuerda: “Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios.” La fe no es solo un acto de voluntad; es una respuesta a lo que escuchamos. Cada vez que nos exponemos a la predicación y a la enseñanza de la Palabra, estamos alimentando nuestra fe y fortaleciendo nuestra relación con Dios.

La advertencia de Jesús sobre el castigo que enfrentan aquellos que no escuchan su mensaje subraya la gravedad de este asunto. En Lucas 10:16, Jesús dice: “El que a vosotros oye, a mí oye; y el que a vosotros desecha, a mí desecha.” Esto nos recuerda que no se trata solo de ignorar a un mensajero humano, sino de rechazar la voz de Dios mismo. En el día del juicio, cada uno será responsable de cómo respondió a la verdad que se les presentó.

Asimismo la Palabra de Dios no solo debe ser escuchada, sino también aplicada. En Santiago 1:22, se nos exhorta: “Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos.” La verdadera transformación ocurre cuando tomamos lo que hemos escuchado y lo llevamos a la acción. No es suficiente conocer la verdad; debemos vivirla. Este principio es vital para nuestro crecimiento espiritual y nuestra relación con Dios.

La práctica de escuchar y actuar sobre la palabra de Dios es un camino hacia la madurez espiritual. Colosenses 3:16 nos anima: “La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros; enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría.” Aquí, se nos invita a sumergirnos en la Palabra, a aprender unos de otros y a crecer juntos en la fe. Este proceso no solo nos edifica individualmente, sino que también fortalece a la comunidad de creyentes.

El tiempo es esencial. En un mundo lleno de distracciones y voces que intentan apartarnos de la verdad, debemos hacer un esfuerzo consciente por acercarnos a Dios a través de su Palabra. La búsqueda de la verdad divina es un acto de amor y obediencia. En Proverbios 2:1-5, se nos invita a buscar la sabiduría como se busca la plata, a esforzarnos por entender la Palabra, porque en ella encontramos la vida.

Hoy, te animo a abrir tu corazón y tus oídos a lo que Dios quiere decirte. No dejes que la rutina diaria te aleje de la oportunidad de escuchar su voz. Cada mensaje, cada prédica, cada lectura de la Biblia es una invitación a conocer más de él y a experimentar su amor transformador y a renovar la esperanza en el conocimiento de todos los buenos planes que él tiene para cada uno de nosotros.

Oración 
Señor, te pedimos que abras los oídos y corazones de quienes leen este devocional. Que a partir de hoy, en sus vidas nazca un hambre insaciable por tu Palabra y un deseo de escuchar las enseñanzas de aquellos que has llamado a predicar. Que cada uno de nosotros pueda reconocer la importancia de ser no solo oidores, sino hacedores de tu palabra. Amén.


 

martes, 13 de enero de 2026

EL PODER DE UNA ORDEN DADA POR JESÚS

Si continúas leyéndome a menudo, estoy segura de que vas a notar mi gran asombro por la palabra de Dios aun en pasajes bíblicos tan reconocidos, con los que a veces terminamos familiarizándonos y pensando que somos muy conocedores de lo que ocurrió ahí. Y es que de verdad a mi la palabra de Dios no me deja de sorprender siempre hay algo, un detalle simple que termina "volando mi cabeza".

Hoy estuve leyendo en Mateo 8:28-34 donde nos habla de los endemoniados gadarenos, que creo que he escuchado al respecto desde muy niña: "Y cuando llegó a la otra orilla, a la tierra de los gadarenos, le salieron al encuentro dos endemoniados... Y gritaron, diciendo: ¿Qué tienes con nosotros, Jesús, Hijo de Dios?"

Esta historia de los endemoniados gadarenos es un poderoso testimonio del poder liberador de Jesús. En este relato, vemos que, al encontrarse con estos hombres atormentados, Jesús simplemente habla una palabra de dos sílabas, esta fue mi gran revelación de hoy, una palabra de dos sílabas, y esta palabra, llena de autoridad, trae liberación instantánea. Esto nos recuerda que no necesitamos un elaborado ritual o un extenso proceso para experimentar la transformación; todo lo que se requiere es la palabra de Jesús.
 
Cuando Jesús dijo “id” a los demonios, su autoridad sobre el reino espiritual fue evidente, haciendo notar la gran verdad que había hablado en Mateo 28:18, cuando Jesús dice: “Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra.” Su palabra es suficiente para cambiar nuestra realidad. Este poder no es arbitrario; proviene de su profunda comunión con el Padre. Jesús pasaba tiempo en oración, buscando la guía y la fortaleza divina. En Lucas 5:16, se menciona que "él se apartaba a lugares desiertos y oraba". Esta preparación espiritual es clave para que su palabra tenga un impacto transformador.

Es por esto que los demonios, al ver a Jesús, no solo lo identificaron como un hombre, sino que reconocieron su verdadera naturaleza divina y su autoridad. En Mateo 8:29, gritan: "¿Qué tienes con nosotros, Jesús, Hijo de Dios?" Su reacción revela que, incluso en su estado de rebeldía, sabían quién era él y el poder que poseía. Este reconocimiento es un testimonio del dominio absoluto de Jesús sobre el reino espiritual. Antes de que él pronunciara una sola palabra, los demonios ya estaban aterrorizados por su presencia. Esto nos enseña que la autoridad de Jesús no depende de nuestras palabras o acciones, sino que está intrínsecamente ligada a su identidad como Hijo de Dios. Ellos temían su poder, recordándonos que, aunque a veces podemos dudar, las fuerzas del mal conocen la verdad y la autoridad de Cristo.

En Lucas 4:18, se nos dice que Jesús vino a liberar a los cautivos y a dar vista a los ciegos. Su deseo es que todos vivamos en libertad y plenitud y los demonios lo saben e intentan impedirlo, sin embargo siempre habrá libertad donde esté Jesús. Para aquellos que se sienten perdidos o atormentados, es esencial recordar que Jesús no solo tiene el poder de liberar, sino también el deseo de hacerlo. Su compasión es inagotable.

La oración fue una parte fundamental del ministerio de Jesús. Antes de realizar milagros y pronunciar palabras de autoridad, Él se retiraba a orar, buscando la dirección y el poder del Espíritu Santo. Esta práctica no solo lo fortalecía, sino que también alineaba su voluntad con la del Padre. En Juan 5:19, Jesús dice: “De cierto, de cierto os digo, que el Hijo no puede hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre.” Su oración lo preparaba para actuar con poder, mostrando que la verdadera autoridad proviene de una vida de comunión con Dios.

Después de que los demonios fueron echados, los gadarenos vieron el milagro y se asustaron. En Mateo 8:34, se nos dice que le rogaron a Jesús que se fuera de sus tierras. Esto puede parecer extraño, pero refleja la incomodidad que a veces sentimos ante lo desconocido aun cuando puede ser algo bueno. La liberación trae cambios, y no todos están listos para aceptarlos. Sin embargo, la verdadera liberación siempre lleva a la vida abundante que Jesús prometió en Juan 10:10: Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia. Pero para recibir y tener esa vida en abundancia, debemos recibir a Jesús, no cerrarle las puertas de nuestros corazones como aquel pueblo de alguna forma le cerró la puerta de la ciudad.

Este relato nos invita a reflexionar sobre nuestras propias vidas. ¿Qué áreas de nuestra vida necesitan la palabra liberadora de Jesús? Tal vez hay ataduras que nos mantienen cautivos, ya sean miedos, adicciones o heridas emocionales. La buena noticia es que Jesús está dispuesto a hablar sobre esas situaciones.

Así como Jesús ejerció su autoridad y poder sobre los demonios, también nosotros estamos llamados a hacer lo mismo en su nombre. En Juan 14:12, Jesús nos asegura: “El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aún mayores hará.” Este es un poderoso recordatorio de que, como creyentes, tenemos acceso a la misma autoridad que Él demostró en la tierra. Sin embargo, esta autoridad no se manifiesta sin preparación. Al igual que Jesús, debemos sumergirnos en la oración y buscar una relación profunda con el Padre. La oración nos equipa y nos alinea con la voluntad de Dios, permitiéndonos actuar con confianza y fe. Que este sea un llamado para que cada uno de nosotros busque esa comunión diaria con Dios, para que así podamos ser instrumentos de su poder y amor en un mundo que tanto lo necesita.

Hoy, te animo a acercarte a Jesús, a clamar por su palabra en tu vida. No importa cuán grande sea tu carga, Él tiene el poder y el deseo de liberarte. Su palabra es suficiente. Recuerda que, así como los endemoniados gadarenos encontraron liberación, tú también puedes experimentar esa transformación. La oración es el camino que prepara nuestro corazón y nuestra mente para recibir su poder. No te quedes atrapado en la desesperación; la libertad está a un clamor de distancia.

Haz esta oración:
Señor, vengo ante ti con un corazón abierto. Reconozco las áreas de mi vida que necesitan tu palabra liberadora. Te pido que hables a mi vida y me liberes de todo lo que me ata. Ayúdame a buscarte en oración, como lo hiciste tú, para estar listo para recibir tu poder. Confío en tu compasión y en tu autoridad. Amén.

 

lunes, 12 de enero de 2026

DIOS QUIERE SANARNOS

 

 

Y he aquí, vino un leproso y se postró ante él, diciendo: Señor, si quieres, puedes limpiarme. Y Jesús, extendiendo la mano, le tocó, diciendo: Quiero; sé limpio. Y al instante fue limpio de su lepra. Mateo 8:2-3

La sanidad es uno de los temas más bellos y conmovedores que se encuentran en la Palabra de Dios. A lo largo de las Escrituras, vemos cómo la compasión de Dios se manifiesta en actos de sanidad, mostrando su deseo inquebrantable de que sus hijos vivan en plenitud. En Mateo 8, el encuentro entre Jesús y el leproso revela no solo el poder de Cristo, sino también su corazón lleno de amor. La pregunta del leproso, “Señor, si quieres, puedes limpiarme”, es una súplica que resuena en muchos de nosotros.

Dios no es un ser distante que observa nuestro sufrimiento desde lejos. En Éxodo 15:26, Él se revela como “Jehová tu sanador.” Esta afirmación es un pilar de nuestra fe. Dios es nuestro sanador, y su compasión nos invita a acercarnos a Él en nuestros momentos de necesidad. En el Salmo 103:2-3, se nos recuerda: “Bendice, alma mía, a Jehová, y no olvides ninguno de sus beneficios; él es quien perdona todas tus iniquidades, el que sana todas tus dolencias.” Aquí, el salmista nos anima a recordar los beneficios de Dios, que incluyen la sanidad de TODOS nuestros dolores. Nuestra memoria es crucial; recordar lo que Dios ha hecho nos fortalece para creer en lo que puede hacer, de ahí la gran importancia de los testimonios.

La sanidad no es solo física; también incluye nuestras heridas emocionales y espirituales. En Isaías 53:5, leemos: “Mas él herido fue por nuestras transgresiones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.” Este versículo es una poderosa declaración del sacrificio de Cristo, donde su dolor se convierte en nuestra sanidad. La obra redentora de Jesús no solo nos libra del pecado, sino que también restaura nuestras vidas. Es un regalo que muchos no reclaman, atrapados en la duda, el dolor o la desesperanza.

La sanidad a menudo requiere una respuesta activa de nuestra parte. En Santiago 5:14-15, se nos instruye a llamar a los ancianos de la iglesia para que oren por los enfermos. “Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará; y si hubiera cometido pecados, le serán perdonados.” Aquí, la fe se convierte en un puente que conecta nuestra necesidad con el poder de Dios. La historia de la mujer con el flujo de sangre en Lucas 8:43-48 es un hermoso ejemplo de esto. Ella tocó el borde del manto de Jesús con fe, y fue sanada. Jesús, sintiendo el poder que había salido de Él, la llamó y le dijo: “Tu fe te ha salvado; ve en paz.” La fe activa es un paso hacia la sanidad; es la decisión de acercarse a Jesús, incluso cuando sanarnos parece un imposible.

Es natural sentir desesperanza en medio de la enfermedad. Sin embargo, Romanos 15:13 nos recuerda: “Y el Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer, para que abundéis en esperanza por el poder del Espíritu Santo.” Aunque el camino hacia la sanidad puede ser largo y lleno de incertidumbre, la esperanza es un ancla que nos sostiene. La historia de Job es un poderoso recordatorio de que, incluso en el sufrimiento, Dios está trabajando en nosotros. A pesar de sus pruebas, Job mantuvo su fe y fue restaurado. Su historia nos enseña que la sanidad y la restauración pueden surgir incluso de las circunstancias más difíciles.

La Biblia está llena de milagros de sanidad que nos inspiran a creer. En Marcos 2, vemos cómo un paralítico fue sanado cuando sus amigos lo llevaron ante Jesús. La fe de aquellos amigos fue crucial para que el paralítico recibiera su sanidad, y hoy nosotros estamos llamados también a presentarle nuestros seres queridos, familiares y amigos a Jesús a través de la oración para que él pueda sanarlos como lo hizo con aquel paralítico. En Juan 9, Jesús sana a un hombre ciego de nacimiento, mostrando que la sanidad puede venir de formas inesperadas. Cada milagro es una invitación a confiar en la capacidad de Dios para sanar nuestras emociones y nuestros cuerpos.

Hoy, te invito a clamar a Dios por tu sanidad y la de aquellos que amas sabiendo que él quiere sanar, que su deseo es que vivamos en plenitud. No dejes que el miedo o la duda acerca de su poder y su voluntad te detengan. Reclama el regalo de la sanidad que él tiene para ti, el cual fue desatado por las llagas de Cristo. La voluntad de Dios es que todos disfrutemos de su sanidad, y es nuestra fe la que activa esta promesa. Ten siempre presente que no estás solo en tu lucha contra la enfermedad; Dios está contigo, y su anhelo es verte sano y completo. También te invito a rodearte de gente de fe, que así como los amigos del paralítico te presenten ante Jesús en sus oraciones.

Ora conmigo:
Señor, hoy vengo ante ti con un corazón quebrantado por aquellos que sufren. Te pido que extiendas tu mano sanadora sobre cada uno de los que hoy sufren azotes en sus cuerpos a causa de diversas enfermedades. Dales la fe para creer que tu voluntad es sanarnos y que tu deseo es vernos completos en ti. Ayúdanos a reclamar la sanidad que nos has prometido y a ser testigos de tu poder. Amén.




domingo, 11 de enero de 2026

MISERICORDIA Y VERDAD

 


A propósito de que ayer hablaba de la trampa de la mentira, hoy estuve leyendo en Proverbios 3 y la importancia de la misericordia y la verdad han cautivado toda mi atención. Sé que he leído este proverbio completo unas cuantas veces, pero las revelaciones de la palabra de Dios son así: detenerme a analizar que el consejo del Rey Salomón es que las atemos a nuestro cuello y que las escribamos en la tabla de nuestros corazones es impactante y profunda.

La misericordia, en el contexto bíblico, se refiere a la compasión y el perdón que se extiende hacia los demás, incluso cuando no lo merecen. Es un reflejo del carácter de Dios, quien nos muestra su misericordia cada día. En Efesios 2:4-5, se nos recuerda que: "Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo". Esta misericordia no solo nos salva, sino que nos transforma, llevándonos a extender la misma gracia a quienes nos rodean.

Además, en Salmos 103:8-10, se nos dice: "Misericordioso y clemente es Jehová; lento para la ira y grande en misericordia. No contenderá para siempre, ni para siempre guardará el enojo. No ha hecho con nosotros conforme a nuestras iniquidades, ni nos ha pagado conforme a nuestros pecados". Estas palabras nos muestran que la misericordia de Dios es inagotable y que, a pesar de nuestras fallas, Él elige perdonarnos y amarnos incondicionalmente.

La Biblia también nos enseña cómo Dios ve a aquellos que son misericordiosos. En Mateo 5:7, Jesús dice: "Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia". Esta bienaventuranza resalta la conexión entre dar y recibir misericordia; al mostrar compasión hacia otros, estamos alineándonos con el corazón de Dios, y, a su vez, somos receptores de su gracia. Además, en Proverbios 14:21, se dice que "el que desprecia a su prójimo peca; pero el que tiene misericordia de los pobres es bienaventurado". Aquí se destaca que la misericordia hacia los necesitados no solo es un acto de bondad, sino que también es un camino hacia la bendición divina.

Por otro lado, la verdad es fundamental en nuestra relación con Dios y con los demás. Juan 8:32 nos dice que "conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres". La verdad es más que un simple hecho; es un estilo de vida que refleja la honestidad y la transparencia. Cuando vivimos en la verdad, no solo honramos a Dios, sino que también construimos relaciones sólidas y auténticas. En Proverbios 12:22, se nos recuerda que "los labios mentirosos son abominación a Jehová, pero los que hacen verdad son su contentamiento". Esta declaración subraya la importancia de vivir en la verdad, ya que es lo que agrada al corazón de Dios.

La combinación de misericordia y verdad es poderosa. Proverbios 3:3-4 nos invita a no permitir que nos abandonen: "Nunca te dejen, átalas a tu cuello; escríbelas en la tabla de tu corazón. Y hallarás gracia y buena opinión ante los ojos de Dios y de los hombres". Aquí, Salomón nos enseña que al vivir con misericordia y verdad, no solo encontramos favor ante Dios, sino que también nos ganamos la confianza y el respeto de quienes nos rodean.

La aplicación de la misericordia y la verdad en nuestras vidas es un llamado a ser un reflejo del amor de Dios. Cada vez que elegimos ser de ayuda en lugar de ignorar o de hacer leña del árbol caído, cada vez que hablamos la verdad con amor, estamos manifestando el carácter de Cristo en nosotros.

Vivir en la verdad también implica ser transparentes en nuestras relaciones. Esto puede ser un desafío, especialmente en un mundo que a menudo valoran más las apariencias que la autenticidad. Sin embargo, cuando nos comprometemos a ser genuinos, creamos un espacio donde otros también pueden serlo con nosotros sin temer a ser juzgados por nosotros, lo cual es también un acto de misericordia, pues solo un corazón misericordioso acepta a los demás tal cual son. Fomentamos una comunidad de amor y aceptación, donde podemos crecer juntos en la fe. Efesios 4:15 nos dice que debemos hablar la verdad en amor, lo que indica que la verdad debe ser presentada de manera que edifique a quienes nos rodean.

La misericordia y la verdad no solo se aplican a nuestras relaciones personales, sino también a nuestra relación con Dios. En Miqueas 6:8, se nos instruye: "Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno; y qué pide Jehová de ti, sino que hagas justicia, y ames misericordia, y te humilles ante tu Dios". Esta llamada a la acción nos recuerda que la justicia, la misericordia y la humildad son esenciales para vivir de acuerdo con la voluntad de Dios.

En conclusión, la misericordia y la verdad son dos pilares esenciales en nuestra vida cristiana. Al integrar estos principios, no solo nos acercamos más a Dios, sino que también impactamos positivamente a quienes nos rodean. Te animo a reflexionar sobre cómo puedes aplicar estos valores en tu vida diaria. Considera las oportunidades que tienes para mostrar misericordia a quienes te han hecho daño y para ser un portavoz de la verdad en un mundo lleno de mentiras. Al hacerlo, disfrutarás de los beneficios que Dios nos ofrece al vivir en su luz.

sábado, 10 de enero de 2026

LA IGNORANCIA DE PROTEGERNOS DE LOS HOMBRES, PERDIENDO LA COBERTURA DE DIOS

 


Hoy quiero hablarte sobre la trampa que se esconde en caer en la mentira, y es que no hace mucho, me descubrí a mí misma como una descarada, diciendo una verdad un tanto perjudicial para mí y continuando "más fresca que una lechuga", cuando me auto analicé entendí que definitivamente el principio de hablar la verdad es algo que yo no comprometo más, cueste lo que me cueste, y lo digo estando consciente de que la vida está llena de desafíos que ponen a prueba a diario nuestra integridad. Cada día enfrentamos situaciones donde la presión de los hombres puede llevarnos a tomar decisiones que comprometen nuestra honestidad y la verdad como tal. En este contexto, la mentira puede parecer una opción atractiva y una vía de escape rápido, un atajo que nos promete protección. Sin embargo, al optar por este camino, estamos ignorando una verdad fundamental: al mentir, nos alejamos de la cobertura divina que solo Dios puede ofrecernos. La protección que creemos obtener a través de la mentira es, en realidad, una ilusión que nos expone a un daño mucho mayor.

La historia de Ananías y Safira (Hechos 5:1-11) es un poderoso recordatorio de las consecuencias devastadoras de la mentira. Estos dos individuos vendieron una propiedad y retuvieron parte del dinero, pretendiendo dar todo a la comunidad de creyentes. Al hacerlo, no solo engañaron a los hombres, sino que desafiaron al Espíritu Santo. Este acto de deshonestidad no solo les costó la vida, sino que también mostró cómo un intento de protegerse puede llevar a la ruina espiritual y física. Al tratar de mantener una imagen ante los demás, se alejaron de la verdad que Dios exige.

La historia de Ananías y Safira nos confronta con la realidad de que la mentira puede parecer una solución temporal, pero sus repercusiones son eternas. Nos encontramos en situaciones donde la verdad puede ser incómoda o incluso peligrosa. Sin embargo, es crucial recordar que cada vez que optamos por la mentira, estamos construyendo una barrera entre nosotros y la verdad de Dios. En lugar de encontrar protección, nos arriesgamos a perder nuestra comunión con el Creador, y sin saberlos pasar a ser hijo del padre de la mentira, el diablo.

El Salmo 32:3-5 nos recuerda que el pecado, y especialmente el de la mentira, nos aleja de la presencia de Dios. “Mientras callé, se envejecieron mis huesos”. Esta imagen vívida describe cómo el peso del pecado puede afectar nuestra vida de maneras profundas y dolorosas. Cuando ocultamos la verdad, no solo llevamos una carga pesada, sino que también nos desconectamos de la fuente de paz y refugio que es Dios. La angustia que resulta de vivir en la mentira puede manifestarse en nuestra salud emocional, mental y espiritual.

Cuando no confesamos nuestros pecados, como nos instruye el Salmo, comenzamos a experimentar un deterioro interno. La culpa y el miedo se convierten en compañeros constantes, robándonos la paz que solo se encuentra en la verdad. La mentira nos encierra en un ciclo de engaño que nos aleja de la libertad que Cristo ofrece. Dios nos llama a la honestidad, no solo para que vivamos en la luz, sino para que podamos experimentar Su amor y gracia en nuestras vidas.

Proverbios 12:22 nos dice que "los labios mentirosos son abominación a Jehová". Este versículo no es solo un aviso, sino una advertencia directa sobre cómo nuestras acciones pueden ofender a Dios y alejarnos de su amor y protección. La gravedad de este pecado no debe subestimarse, ya que nuestras mentiras pueden tener un impacto negativo no solo en nosotros, sino también en quienes nos rodean. La deshonestidad puede dañar relaciones, destruir confianza y, lo más importante, romper nuestra comunión con Dios.

En medio de estas verdades, el Salmo 91:1-2 nos ofrece esperanza. “El que habita al abrigo del Altísimo morará bajo la sombra del Omnipotente”. Aquí encontramos la promesa de que aquellos que buscan refugio en Dios estarán siempre protegidos. Sin embargo, para habitar en su abrigo, debemos caminar en la verdad. La mentira no solo nos aleja de la cobertura divina, sino que nos expone a las consecuencias de vivir fuera de su voluntad. La protección de Dios no es solo un concepto abstracto; es una realidad tangible que se experimenta cuando vivimos en la verdad.

Cuando hacemos de la verdad nuestra base, podemos experimentar la paz que sobrepasa todo entendimiento. La cobertura de Dios nos envuelve, y en ella encontramos seguridad en medio de la tormenta. Pero esta cobertura requiere nuestra cooperación; debemos elegir vivir en la luz y renunciar a las sombras de la deshonestidad. Al hacerlo, no solo nos protegemos a nosotros mismos, sino que también glorificamos a Dios en nuestras vidas y modelamos con nuestro ejemplo y testimonio que se puede vivir una vida de integridad, haciendo frente a nuestros errores sin agravarlos al agregar el ingrediente de la mentira.

Es doloroso ver cómo muchos, en su deseo de protegerse de los hombres, se olvidan de la protección que solo Dios puede ofrecer. La mentira puede parecer una solución momentánea, puede permitirnos alcanzar cosas o no perder otras, pero en realidad, es un camino que lleva a la oscuridad y la desesperación. Reflexiona sobre tu vida: ¿hay áreas donde has caído en la tentación de mentir? ¿Te has alejado de la cobertura de Dios por miedo a lo que los hombres puedan decir, pensar o hacer? 

Es crucial entender que al mentir, no solo nos estamos engañando a nosotros mismos, sino que también estamos rechazando la gracia y el amor que Dios nos ofrece cuando elegimos no pecar en contra de él sin importar las consecuencias que esta elección nos pueda acarrear. La verdad puede ser dolorosa en el momento, pero es liberadora y sanadora a largo plazo. Al vivir en la verdad, permitimos que la luz de Cristo brille en nuestras vidas, y esta luz tiene el poder de transformar no solo nuestro ser, sino también a quienes nos rodean.

Señor, hoy reconozco mis fallas y la tentación de mentir para protegerme. Te pido perdón por cada vez que he ignorado tu verdad y he buscado refugio en la mentiras. Ayúdame a vivir en la luz y a permanecer bajo tu cobertura. Que tu verdad me guíe y me proteja, y que nunca más me aleje de ti por miedo a los hombres, a perder oportunidades o cosas materiales. Dame la valentía para enfrentar la verdad y la sabiduría para buscar tu rostro en cada situación. Que mi vida sea un testimonio de tu gracia y verdad, y que pueda ser un reflejo de tu amor y tu perdón en este mundo. Amén.


viernes, 9 de enero de 2026

NO NOS AFANEMOS POR NADA

En estos tiempos que estamos viviendo, es muy fácil perder de vista la paz que Dios nos ofrece. Muchos viven atrapados en un ciclo de ansiedad, incapaces de dormir o disfrutar del gozo que Dios ha prometido. Jesús, en Mateo 6:25, nos recuerda: "Por eso les digo: No se afanen por su vida, qué comerán o qué beberán; ni por su cuerpo, qué vestirán. No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido". En este poderoso pasaje, Jesús nos invita a soltar nuestras preocupaciones y confiar en Su provisión.

En el versículo siguiente, Mateo 6:26, Jesús continúa: "Miren las aves del cielo; no siembran, ni cosechan, ni recogen en graneros; y sin embargo, el Padre celestial las alimenta". Esta imagen nos enseña que, al igual que las aves, somos cuidados y proveídos por Dios. Él no nos dejó solos en este mundo lleno de incertidumbres.

Recuerda momentos en los que Dios ha provisto en tu vida, porque estoy segura de que así como yo, si miras hacia atrás te darás cuenta de que definitivamente, fue Dios quien estuvo contigo, quien te proveyó, porque muchas veces ni nos explicamos como fue que alcanzamos superar algunas temporadas de escases. Tal vez un amigo te brindó apoyo en un momento de necesidad, o recibiste una oportunidad laboral inesperada. Cada uno de esos momentos es un recordatorio de que Dios está al mando y se preocupa por nosotros, pues es él quien ha movido el corazón de otros para que vengan a tu socorro. Su provisión puede llegar de formas sorprendentes.

Filipenses 4:6-7 nos exhorta: "No se inquieten por nada, sino que en toda ocasión, con oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios". La preocupación no añade nada favorable a nuestras vidas, por el contrario, nos resta paz, terminamos enfermos y agotados, en cambio, la oración es la que nos llena de paz. Cuando llevamos nuestras cargas a Dios, encontramos el alivio que tanto anhelamos.

La ansiedad puede manifestarse en nuestro cuerpo, afectando nuestra salud. Sin embargo, Dios es nuestro sanador (Éxodo 15:26). He visto muy de cerca a personas que experimentan sanidad emocional y física al entregar sus preocupaciones al Señor. La fe y la oración pueden transformar nuestro estado mental y físico. Hay testimonios de quienes, al buscar a Dios en sus momentos de aflicción, han encontrado sanidad y restauración.

Gran parte de las preocupaciones con las que carga la humanidad, son debido a la falta de confianza ante el plan de Dios, pero Jeremías 29:11 nos asegura: "Porque yo sé los planes que tengo para ustedes, dice el Señor, planes de bienestar y no de calamidad, para darles un futuro y una esperanza". Cada aflicción tiene un propósito divino. A veces, lo que parece ser un obstáculo es en realidad una oportunidad para crecer en fe y carácter.

Hay miles de personas que, tras enfrentar grandes adversidades, encontraron un propósito mayor en su dolor, yo misma soy una de ellas. Dios utiliza nuestras experiencias para moldearnos y prepararnos para lo que viene. Cuando confiamos en Su plan, podemos ver la luz al final del túnel. Recordemos a Job, quien, a pesar de perderlo todo, mantuvo su fe y fue restaurado con bendiciones aún mayores.

En Juan 14:27, Jesús dice: "La paz les dejo, mi paz les doy; yo no se la doy a ustedes como el mundo la da. No se turbe su corazón, ni tenga miedo". Esta paz no es la ausencia de problemas, sino una profunda tranquilidad en medio de las tormentas de la vida. 

Cuando vemos a los que experimentan esta paz en momentos de crisis, muchas veces ni los entendemos, porque rápidamente pensamos es que si fuera yo, me estaría volviendo "loco", y es ahí mismo cuando el termómetro está marcando que es hora de prepararnos para que cuando llegue la aflicción, porque eventualmente ha de venir, ya estemos listos para enfrentarlas sin afán, sabiendo que lo que toca es orar. Cuando enfrentamos enfermedades, pérdidas o incertidumbres, podemos encontrar consuelo en la presencia de Dios. Son la oración y la meditación en su palabra nos permiten anclarnos en su verdad, alejándonos de esa preocupación que nos agobia.

Es desgarrador ver cómo muchos viven permanentemente atrapados en la ansiedad, la depresión, el estancamiento por miedo, sin poder disfrutar del gozo que Dios ofrece, y digo permanentemente porque nadie está exento de experimentar alguno de estos cuadros en algún momento de su vida, mas el llamado es a no permanecer, sino sacudirnos y continuar hacia la vida de bien que Dios nos ha prometido.  

Hoy, te animo a entregarle tus afanes a Dios, a recordar siempre que la preocupación nos roba la paz y nos aleja de la plenitud que solo se encuentra en Él. Su promesa es clara: "Echando toda su ansiedad sobre Él, porque Él tiene cuidado de ustedes" (1 Pedro 5:7). No permitas que las preocupaciones te roben el sueño ni la alegría. 

No olvides que el amor de Dios es más grande que cualquier preocupación, necesidad, enfermedad, soledad, desilusión, su amor lo cubre todo. Confía en su provisión y busca su rostro. La paz que sobrepasa todo entendimiento está a tu alcance; solo debes dar el paso de confiar en Él. ¡Permite que su amor y su paz inunden tu corazón hoy!


 

jueves, 8 de enero de 2026

LA HOSPITALIDAD QUE TRAE BENDICIONES INESPERADAS

 

La hospitalidad y la bondad hacia los demás son actos que van más allá de la simple cortesía; son manifestaciones del amor divino que habita en nosotros. La historia de Abraham y la parábola del Buen Samaritano nos enseñan que, aunque no siempre recibamos algo a cambio, nuestras acciones de empatía y cuidado hacia los demás, tienen un impacto significativo en la vida de otros.

La generosidad no tiene que ver con lo que podemos obtener, sino con la disposición de servir y de dar de lo que por gracia hemos recibido. Abraham, al recibir a tres desconocidos, mostró que la verdadera hospitalidad se basa en el amor desinteresado, e incluso, sus palabras que expresa al ofrecerles hospitalidad, denotan que para él sería un verdadero privilegio poder ayudarles, pues la biblia nos cuenta que él dijo lo siguiente:   
Y alzó sus ojos y miró, y he aquí tres varones que estaban junto a él; y cuando los vio, salió corriendo de la puerta de su tienda a recibirlos, y se postró en tierra,  y dijo: Señor, si ahora he hallado gracia en tus ojos, te ruego que no pases de tu siervo.  Que se traiga ahora un poco de agua, y lavad vuestros pies; y recostaos debajo de un árbol,  y traeré un bocado de pan, y sustentad vuestro corazón, y después pasaréis; pues por eso habéis pasado cerca de vuestro siervo. Y ellos dijeron: Haz así como has dicho.  Entonces Abraham fue de prisa a la tienda a Sara, y le dijo: Toma pronto tres medidas de flor de harina, y amasa y haz panes cocidos debajo del rescoldo.  Y corrió Abraham a las vacas, y tomó un becerro tierno y bueno, y lo dio al criado, y este se dio prisa a prepararlo.  Tomó también mantequilla y leche, y el becerro que había preparado, y lo puso delante de ellos; y él se estuvo con ellos debajo del árbol, y comieron. Génesis 18:2-8

Ese te ruego de Abraham, debería marcar nuestras vidas, pues habla de la revelación que él tenía acerca de la importancia de servir a otros.

Así también, el Buen Samaritano se detuvo para ayudar a un hombre herido, desafiando las normas sociales y culturales de su tiempo. Ambos ejemplos nos invitan a actuar con bondad, independientemente de la situación.

Al abrir nuestras puertas y corazones, creamos un espacio para que otros se sientan aceptados. Proverbios 19:17 nos recuerda que ayudar a los necesitados es un acto que Dios valora y recompensa.

La bondad no siempre será retribuida en esta vida, como se ilustra en la parábola del Buen Samaritano, pero siempre valdrá la pena el sacrificio y el desprendimiento de tiempo y bienes materiales que hagamos. Al final, Jesús donde nos anima a acumular tesoros es en los cielos, lo que significa que nuestras acciones, aunque invisibles, tienen un propósito eterno. Mateo 6:20

Al ser hospitalarios, mostramos la naturaleza divina, el carácter de Dios que ha sido desarrollado en nosotros. Efesios 4:32 nos llama a ser misericordiosos, recordando que nuestra bondad es un reflejo del amor que hemos recibido.

La hospitalidad se vuelve aún más crucial en momentos de crisis. Romanos 12:13 nos llama a contribuir a las necesidades de los demás, convirtiéndonos en un rayo de esperanza en medio de la adversidad, donde podremos impactar la vida de alguien o de un grupo de manera muy positiva, aun muchas veces con pequeños gestos.

Al Abraham junto a la colaboración de su esposa Sara, ser un buen hospitalario, recibió la promesa de tener un hijo, algo que tanto para él como como para Sara era un imposible, también la mujer sunamita experimentó lo mismo cuando hospedó al profeta Eliseo en su casa y este en agradecimiento le profetizó que tendría un hijo a pesar de su avanzada edad y la esterilidad de su esposo. En ambos casos, la recompensa fue recibida, así que esto debe despertar en nosotros una intención un anhelo por ayudar a aquellos que sabemos nos necesitan.

Estos son los desafíos que los que deseo retarte en este día:

-Busca oportunidades de servicio: Haz de la bondad un hábito diario. Actos simples, como ofrecer ayuda a un vecino o donar tiempo a una causa, pueden cambiar vidas.

-Cultiva un espíritu generoso: No solo se trata de dar recursos, sino de ofrecer tu tiempo y amor. Cada pequeño gesto cuenta y puede ser más valioso de lo que te puedas imaginar para alguien que lo necesita.

-Confía en la recompensa de Dios: Aunque no podemos ver lo que hacemos para Dios como una especie de trueque, porque ya él lo merece todo de nosotros, recuerda que cada acto de bondad es reconocido por Dios, y su recompensa puede ser más grande de lo que imaginas.

Haz conmigo esta oración para darle entrada a Dios en esta área de tu vida:

Señor, te agradezco por cada oportunidad que me haz dado y que sé que me darás desde ahora en adelante para servir a los demás, ayúdame a tener un corazón dispuesto a servir y a brindar hospitalidad, permíteme ser un canal de bendición para quienes más te necesitan y que mis acciones reflejen tu amor hacia los demás para otros puedan experimentar tu bondad. Amén.

Citas para meditar:

- Gálatas 6:9: “No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo cosecharemos, si no desmayamos.”

- Proverbios 11:25: “El alma generosa será prosperada; y el que saciare, él también será saciado.”

- Mateo 25:40: “Y el Rey les responderá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis.”

miércoles, 7 de enero de 2026

EL DIOS DEL ANTIGUO TESTAMENTO

Escuchando algunas sugerencias de lecturas bíblicas para inicio de año, donde aconsejan por donde iniciar, que dejar para el final, entre otros cuantos tips, me he dado cuenta de que muchos, hoy día consideran el Antiguo Testamento como un relicario de historias pasadas, mas es vital recordar que Dios es el mismo ayer, hoy y siempre (Hebreos 13:8). Sus atributos, su carácter y su amor hacia la humanidad no han cambiado. En este día quiero llevarte  a reflexionar sobre la relevancia de las enseñanzas del Antiguo Testamento y cómo Jesús, en su ministerio, reafirmó su importancia.

El Antiguo Testamento no es solo un libro de leyes y profecías, sino una revelación del carácter de Dios. A través de la historia de Israel, vemos su justicia, misericordia y fidelidad. En Éxodo 34:6-7, Dios se presenta como "misericordioso y clemente, lento para la ira y grande en misericordia y verdad". Estos atributos son tan relevantes hoy como lo fueron entonces, porque nos sería imposible conocer a Dios si ignoramos como es él desde el principio, desde allí vemos que Dios se presenta con una dualidad de atributos que refleja su naturaleza compleja. Por un lado, es un Dios implacable ante el pecado, que exige justicia y castigo, como se evidencia en el diluvio y la destrucción de Sodoma y Gomorra. Sin embargo, también es un Dios profundamente amoroso y compasivo; un ejemplo de esto es cuando envía a un cuervo para alimentar a Elías en el desierto, mostrando su cuidado y provisión en momentos de necesidad. Esta dualidad resalta tanto su santidad y justicia como su misericordia y amor, revelando un ser divino que busca la reconciliación con su pueblo a pesar de sus transgresiones. 

Cuando desestimamos el Antiguo Testamento, corremos el riesgo de perder la profundidad de la gracia que se nos ha dado en Cristo. Romanos 15:4 nos recuerda que "todo lo que fue escrito en tiempos pasados, para nuestra enseñanza fue escrito". La ley nos guía, no solo para mostrar nuestros errores, sino para acercarnos más a Dios.

En Mateo 5:17-19, Jesús dice: "No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir". Aquí, Jesús establece un puente entre el Antiguo y el Nuevo Testamento. Él no vino a desestimar la ley, sino a llevarla a su cumplimiento perfecto.

La vida de Jesús es el modelo de cómo se debe vivir la ley. Él nos muestra que la ley es más que reglas; es un reflejo del carácter de Dios. Al seguir sus enseñanzas, encontramos la verdadera esencia de la ley: el amor.
  
Vivimos en la dispensación de la gracia, pero esto no significa que la ley sea irrelevante. En Romanos 6:1-2, Pablo nos advierte: "¿Qué, pues? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde? En ninguna manera". La gracia no es una licencia para pecar, sino un llamado a vivir en santidad.

Es crucial recordar que la ley revela la moralidad de Dios, porque de olvidarla, fácilmente entramos en lo que podríamos llamar un abuso de gracia. En Salmos 119:105, se nos dice que "lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino". La ley nos guía y nos protege, mostrándonos el camino hacia una vida que honra a Dios.

Hoy pregúntate: ¿Estoy viviendo bajo la gracia de manera responsable? ¿Estoy ignorando las enseñanzas del Antiguo Testamento en mi vida diaria? e interpretando el sacrificio de Jesús como algo a lo que tengo acceso sin que mi vida refleje frutos de arrepentimiento?

Decidamos buscar un equilibrio entre la gracia y los mandamientos que Dios nos ha dejado desde el principio de la humanidad. La gracia nos salva, pero la ley nos guía. La verdadera libertad se encuentra en vivir conforme a los principios de Dios.

El Dios del Antiguo Testamento sigue siendo el mismo hoy. Su palabra es eterna, y sus enseñanzas son vitales para nuestra vida espiritual. Recordemos que, aunque estamos bajo la gracia, la ley sigue siendo un espejo que nos refleja la imagen de Cristo, que es el modelo de la vida que Dios desea para nosotros.

Quiero dejarte estas dos citas para que medites en ellas y creen en ti una necesidad e incluso urgencia de conocer todo de Dios, no una sola parte porque será fácil de digerir, de menos confrontación o fácil de asimilar:

1. 1 Pedro 1:24-25: "Porque toda carne es como hierba, y toda la gloria del hombre como flor de hierba. La hierba se seca, y la flor se cae; mas la palabra del Señor permanece para siempre."
2. Romanos 3:31: "¿Luego por la fe invalidamos la ley? En ninguna manera, sino que confirmamos la ley."