“Y me habéis dicho: ¿Qué es esto que
me has hecho? ¿No te serví por Raquel? ¿Por qué, pues, me has engañado?... Y
vuestro padre me ha engañado, y me ha cambiado el salario diez veces; pero Dios
no le permitió que me hiciese mal.” (Génesis 29:25; 31:7)
Labán, el suegro de Jacob, representa
esa voz o circunstancia que muchas veces intenta convencernos de que
"nunca seremos libres" a pesar de todo nuestros esfuerzos.
Encontrarnos cara a cara con nuestro Labán no será difícil cuando intentemos hacer
la voluntad de Dios y la historia de Jacob despeja cualquier idea contraria que
podamos tener ante esta verdad. Jacob pasó veinte años en la casa de su suegro,
Labán. Durante esas dos décadas, vivió bajo un sistema de manipulación: luego
de trabajar siete años para casarse con Raquel, le entregó la mujer equivocada,
Lea; le cambiaba sus condiciones laborales constantemente y trataba de
retenerlo como a un esclavo moderno.
A veces, los "Labán" de
nuestra vida no son enemigos frontales, sino personas cercanas que nos
necesitan para su propio beneficio, pues no podemos olvidar que Labán era nada
más y nada menos que tío de Jacob, y que este último llegó hasta él en
condiciones de necesidad de apoyo, pues huía de su hermano Esaú tras haberle
robado la bendición que le correspondía por la primogenitura, y aun así Labán
fue oportunista y empleó tantas artimañas en su contra, Labán sabía que su casa
era bendecida porque Jacob estaba allí y sin importarle que fuera su
sobrino, su enfoque estaba en asegurar su propio beneficio. Asimismo, debemos
estar conscientes de que el sistema del mundo muchas veces intentará retenernos
mediante el engaño o la culpa, impidiéndonos avanzar hacia el cumplimiento de
los planes de Dios para nuestras vidas.
Sin embargo, lo más poderoso de esta
historia no es la malicia de Labán, sino la fidelidad de Dios, porque si de
algo podemos estar seguros es de que cuando Dios tiene un plan y un propósito,
él mismo interviene para hacer que se cumpla, recordemos que lo que Dios le
había pedido a Jacob fue que volviera a la tierra de su parentela y esto era
precisamente lo que Labán intentaba impedir, mas Génesis 31:7 nos da una gran
confirmación de como Dios interviene: "Pero Dios no le permitió
que me hiciese mal". Aunque Labán cambió el salario diez veces,
Dios le dio una técnica en sueño a Jacob que le permitió controlar la genética
de los rebaños para que Jacob prosperara de todos modos.
Cuando estamos en el centro de la
voluntad de Dios, el engaño del hombre se convierte en la plataforma de tu
milagro. La manipulación de otros no puede anular la bendición que Dios ha
decretado sobre nuestras vidas, ni el cumplimiento del llamado o que lleguemos
al destino que él nos tiene preparado.
Finalmente, Jacob tuvo que tomar una
decisión valiente: levantarse, tomar los suyos y sus pertenencias y salir. No
esperó a que Labán le diera permiso (porque nunca se lo daría). La liberación a
veces requiere una salida decidida y una confianza absoluta en que Dios guiará nuestros
pasos y a la vez guardará nuestras espaldas, y como resultado, vemos que, tras
marcharse, Dios le advirtió a Labán en sueños que no lo tocara, sellando con
esto la protección de Jacob.
Esta historia de Jacob es poderosa y
hermosa a la vez, te invito a leerla completa en tu biblia, y a la vez a:
- Identificar: ¿Hay algún área de tu vida
donde estés permitiendo que el engaño de otros te detenga?
- Confiar: Lee el capítulo 31 de
Génesis y observa cómo Dios prosperó a Jacob a pesar del sistema corrupto
de su suegro.
- Obedecer: Si Dios te ha pedido que
cierres un ciclo o inicies un nuevo proyecto, no esperes la aprobación de
quienes se benefician de tu estancamiento.
Ora conmigo
"Señor, gracias porque mi
destino no depende de la honestidad de los hombres, sino de Tu fidelidad. Hoy
renuncio al temor de ser engañado, manipulado o retenido en lugares que no me
permitan avanzar hacia mi propósito y llamado. Dame la sabiduría para
identificar a los 'Labán' en mi camino y el valor para moverme cuando Tú me
digas 'Levántate y vuelve a tu tierra'. Amén."













