Al adentrarnos en el camino de la fe, es común que se nos presente la voluntad de Dios como un sendero de paz y bienestar constante. Sin embargo, la Escritura nos revela una verdad mucho más profunda y, a menudo, más ardua: la doctrina de hacer la voluntad divina es, inherentemente, una doctrina de sacrificio y perseverancia. No es una fórmula mágica para evitar el sufrimiento, sino la ruta hacia la plenitud eterna, aunque el trayecto esté lleno de espinas.
sábado, 27 de septiembre de 2025
La Difícil Doctrina de hacer la Voluntad de Dios
miércoles, 17 de septiembre de 2025
Vestimenta a la altura de la invitación
Anoche, mientras oraba, el Señor me llevó a leer el capítulo 22 del libro de Mateo, y la verdad terminó volándome la cabeza, primero porque no entendía lo que me quería revelar, y luego porque la revelación fue según mi punto de vista, muy fuerte. Se trata de lo crucial que es el valor que le damos a nuestra preparación al aceptar la invitación divina. Específicamente el pasaje de Mateo 22:8-14 nos ofrece una ilustración vívida y contundente de esta verdad.
lunes, 4 de agosto de 2025
El Evangelio No Se Modernizó Con el Pasar del Tiempo
jueves, 31 de julio de 2025
Una Mamá Gallina que pierde sus polluelos
“Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a
los que te son enviados, ¿cuántas veces quise juntar a tus hijos como la
gallina junta sus polluelos bajo sus alas, y no quisiste?” (Mateo 23:37).
Estas palabras de Jesús nos muestran un amor profundo, un deseo ardiente de proteger y reunir a sus hijos bajo su cuidado. La imagen de la gallina que protege a sus polluelos bajo sus alas es tierna y llena de esperanza. Sin embargo, también encierra una verdad dolorosa: no todos permanecen bajo esa protección divina; muchos se pierden.
El amor maternal: un regalo divino
Querida madre, sé que tu amor por tus hijos es inmenso. Sé
que tu deseo más profundo es protegerlos, cuidarlos, asegurarte de que tengan
todas las cosas materiales que quizás tú no tuviste y evitarles cualquier dolor
o dificultad. Pero hoy quiero hablarte con el corazón en la mano: ese amor,
cuando no está guiado por la sabiduría y la Palabra de Dios, puede ser una
trampa peligrosa que lleve a tus hijos a perderse en el mundo.
Ser madre es participar de un amor similar al que Dios tiene
por nosotros. La Biblia nos muestra en múltiples pasajes cómo Dios se relaciona
con su pueblo como un padre o madre amoroso (Isaías 66:13, Oseas 11:3-4). Esa
imagen de la gallina es una metáfora perfecta para entender cómo el cuidado
maternal busca cobijar, alimentar y proteger.
Pero ser madre también implica una responsabilidad enorme: enseñar a los hijos a caminar por sí mismos. Proverbios 22:6 nos instruye: “Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él”. No es solo protegerlos físicamente sino guiarlos espiritualmente.
El peligro de la sobreprotección mal entendida
Proteger no es solo cubrirlos para que no sufran; proteger
es también prepararlos para enfrentar el mundo con fe, dignidad y fortaleza espiritual.
Cuando por miedo o por querer evitarles problemas les das todo sin enseñarles a
discernir entre lo bueno y lo malo, cuando no corriges con amor ni les enseñas
a amar y temer a Dios, estás dejando una puerta abierta para que el enemigo
entre.
Proverbios 13:24 nos recuerda con claridad: “El que detiene
el castigo aborrece a su hijo; mas el que lo ama, desde temprano lo corrige.”
No corregir ni disciplinar por miedo a causar incomodidad puede sembrar
semillas de rebeldía o ignorancia espiritual.
El problema surge cuando el amor se convierte en miedo
disfrazado de protección. Cuando el temor a que reciban una lección dolorosa, pero necesaria, lleva a las madres a impulsar a sus hijos a que ataquen aun a
quienes podrían hacerles mucho bien o apoyarlos en su proceso, limitando su formación
y oportunidad para crecer y aprender.
Es importante comprender que el exceso de protección puede ser una forma involuntaria de egoísmo emocional. Se protege no solo por amor sino también por miedo a que experimenten dolor o que algo pueda causarles una caída, aun cuando podemos estar conscientes de que es lo que ese hijo necesita para formarse en humildad, carácter y que se cree en él un corazón conforme al corazón de Dios.
Sin embargo, esto puede resultar en:
- Falta de autonomía certera
- Dependencia emocional
- Rebeldía o distanciamiento
Eclesiastés 3:1 nos recuerda: “Todo tiene su tiempo, y todo
lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora.” Hay un tiempo para
protegerlos de los peligros inmediatos, pero también llega el tiempo de reaccionar
y darnos cuenta de que nosotros mismos somos la amenaza.
En Deuteronomio 6:6-7, se nos manda enseñar constantemente a
nuestros hijos las palabras del Señor; sin embargo, sabemos que llegará el día
en que ellos caminarán solos, y que si es de Dios que en ese andar sean quebrantados
por Él, para sacar o exponer la piedra preciosa que llevan dentro, entonces
no hay amor de madre suficiente que deba detener ese proceso.
Jesús mismo lamentó la obstinación de Jerusalén al decir:
“¿Cuántas veces quise juntar a tus hijos... y no quisiste?” Es un lamento
porque aunque Él quiso protegerlos, ellos no quisieron recibir Su protección ni
Su guía. Este es otro caso, en donde quizás te has esforzado por guiarlos e
instruirlos desde niños como nos manda la palabra, pero no has logrado que no
se aparten del camino, en ese caso, nadie más que Jesús, que es la vía para llegar al Padre
podrá hacerlos volver al redil, deja que él lo haga, porque podrá dolerles
durante un tiempo, pero después de que sufran un tiempo, Dios mismo en su amor,
los hará firmes, fuertes y estables.
En Salmos 127:3-5 se declara que los hijos son herencia del
Señor y recompensa; pero como herencia valiosa, deben ser guiados
hacia la madurez espiritual y personal, lo cual en ocasiones requiere
soltarlos.
El riesgo real: perderlos en las vanidades del mundo
Las vanidades del mundo son muchas: el deseo desmedido por las cosas materiales, la búsqueda insaciable de aprobación social, la inmoralidad disfrazada de libertad, la idolatría moderna hacia el dinero o la fama.
Cuando una madre cede ante estas presiones o busca complacer más a sus hijos que guiarles hacia Dios, está sembrando terreno fértil para la pérdida espiritual.
1 Juan 2:15-16 nos advierte: “No améis al mundo ni las cosas que están en el mundo... porque todo lo que hay en el mundo... no proviene del Padre sino del mundo.”
Es fundamental enseñarles desde pequeños a valorar lo eterno sobre lo temporal, lo espiritual sobre lo material.
La responsabilidad sagrada de enseñar con firmeza y amor
Efesios 6:4 nos exhorta claramente: “Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor.”
Esto significa:
- Instrucción constante: No basta solo decir “ora”
o “ve a la iglesia”. Es necesario sentarse con ellos diariamente para leer la
Biblia juntos, explicarles con paciencia cada historia y enseñanza.
Deuteronomio 6:6-7 dice: “Y estas palabras que yo te mando hoy estarán sobre tu
corazón; y las repetirás a tus hijos...”
-Disciplina amorosa: Corregir sin gritos ni
ira, pero con firmeza para enseñarles límites divinos.
- Oración constante: La oración es nuestra
arma más poderosa para interceder por ellos (Colosenses 4:2).
- Ejemplo vivo: Vivir según lo que predicamos
es fundamental (Proverbios 20:7).
La paradoja del amor verdadero
El amor auténtico no aprisiona ni controla; libera. Isaías
40:11 describe cómo Dios cuida “apacentando su rebaño en su brazo” y llevando
“en el seno a los corderos.” Así también todos llamados a amar.
Una madre sobreprotectora puede sin querer convertirse en
una barrera invisible entre el plan de Dios y ellos, y a su vez, entre ellos y Dios. Cuando proteges
demasiado por miedo o inseguridad, puede provocar que los hijos entiendan que
dependen de ti y de los hombre en general, pero no de Dios.
Recordemos a Agar (Génesis 21): Dios cuidó también de Ismael cuando fue enviado lejos. A veces soltar es parte del plan divino para entender que Dios no tiene una única forma o un solo lugar para bendecir.
Fortaleciendo tu corazón como madre
Sé que hay días donde el cansancio pesa y la incertidumbre asoma su sombra. Sé también que verás errores y caídas en tus hijos que te hará doler mucho el corazón. Pero no pierdas la fe ni la esperanza.
Hebreos 12:11 nos anima diciendo: “Ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo... pero después da fruto pacífico de justicia.”
Tu labor puede parecer invisible muchas veces pero es fundamental para moldear vidas eternas y encaminarlos a su verdadero propósito, no deje que ningún placer momentáneo te lleve a dar malas cuentas cuando llegue el día del juicio sobre los tesoros que te fueron entregados (tus hijos).
Un llamado final lleno de esperanza
Madre, tú no estás sola. Dios conoce cada lágrima derramada por tus hijos y cada oración hecha en secreto. Confía en Él más allá de tus miedos.
Entrega hoy mismo tu corazón renovado al Señor para ser una guía sabia y amorosa. Enséñales no solo con palabras sino con vida entregada al Señor Jesús.
Medita siempre esta verdad poderosa:
“Señor, aunque mi amor de madre es grande, reconozco que Tu
amor es aún mayor. Que Tu voluntad se cumpla en mis hijos antes que mis propios
deseos. Protégelos bajo Tus alas eternas.”
Que esta meditación te fortalezca hoy para amar con una fe profunda y genuina que te haga ver que tu amor por tus hijos nunca será más grande que el amor que Dios tiene por cada uno de ellos, y que son Sus planes para sus vidas los que deben prevalecer, no los tuyos, los de de ellos mismos, ni los de nadie más, los de Dios, pero para conocerlos, se deben alinear a lo espiritual a un nivel mucho más profundo de hasta donde han llegado, sin doblez de ánimo, sin pecado, sin maldad, y aunque te duela, todo esto conllevará quebrantamiento, no se lo impidas, déjalos crecer, te lo agradecerán y tú también alcanzarás plenitud al verlos madurar espiritual y emocionalmente. Porque solo así tus polluelos podrán volar alto y regresar siempre al nido cuando necesiten descanso.
Quiero orar por ti:
Padre celestial, Dios de amor infinito y sabiduría perfecta,
Hoy vengo ante Ti orando por esta madre que lee este post en este momento, para que reconozca que su amor por sus hijos es profundo y verdadero, pero que también reconozca que a veces ese amor la ciega y la hace querer controlar más de lo que debe.
Te pido, Señor, que le des un corazón humilde y obediente,
que no se aferre con miedo ni egoísmo a lo que cree mejor para sus hijos, sino que confíe plenamente
en Tu amor y Tu plan perfecto para sus vidas.
Que así como dice Tu palabra en Proverbios 3:5-6: “Confía en
Jehová con todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo
en todos tus caminos, y Él enderezará tus veredas.” Tú la ayudes a confiar en Ti más
que en sus propios temores.
Señor, enséñala a soltar con fe, que sepa que Tú amas a sus
hijos aún más que ella misma. Como Tú mismo dijiste en Mateo 23:37: “¡Cuántas
veces quise juntar a tus hijos como la gallina junta sus polluelos bajo sus
alas!”; Tú eres el protector perfecto, y ella solo debe ocupar su lugar de
instrumento de Tu cuidado hacia ellos.
Padre amado, guíala para que el plan o la voluntad que ella tenga para sus hijos no sea egoísta o miedo disfrazado de amor, sino Tu voluntad que es buena, agradable y perfecta. Tal como dice Romanos 12:2: “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento...” Ayúdala a renovar su mente para aceptar Tu propósito divino sobre sus hijos.
Que ella pueda amar sin ataduras ni cadenas, enseñar sin sofocar y soltar sin perder la paz. Que su oración constante sea un puente hacia Ti por ellos, confiando siempre en que Tú eres quien los sostienes.
Te pido que ella deposite en ti su esperanza y su confianza. Que a diario ella ore para que cada paso de sus hijos esté bajo Tu mirada protectora, pero también correctiva para que sus vidas reflejen Tu gloria.
Gracias porque Tú eres fiel y justo para cumplir todas Tus promesas. Gracias por tu inmenso amor por cada madre que ha leído, como por cada uno de sus hijos. En el nombre poderoso de Jesús,
Amén.
viernes, 4 de julio de 2025
El Desierto es un Campo de Entrenamiento
El desierto físico es un lugar de aridez, soledad y pruebas; un territorio donde la supervivencia se vuelve difícil, donde el agua escasea y el calor agobia. Sin embargo, es precisamente en ese espacio inhóspito donde se forjan la fortaleza y la resistencia. El desierto purifica al cuerpo, lo despoja de lo superfluo y lo prepara para el siguiente capítulo.